La experiencia y algo más

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ELECCIONES 2016

Un buen estratega es aquel que sabe imponer sus puntos fuertes y ocultar los débiles. Esa es la intención de Rajoy al incidir una y otra vez en la experiencia política como activo electoral. Ciertamente, la experiencia es un grado, pero no garantiza el éxito ni el acierto. Ni siquiera la buena intención. Hacen falta más cualidades para ser un buen político, de igual manera que hace falta mucho más que simpatía para ser una buena persona. Simplificar siempre es malo, y cuando se hace con intereses espurios, aún más. El ser humano es más que unas cuantas cualidades determinadas, e incluso más que una mera suma de atributos. Y lo mismo vale para un político.

La experiencia en cargos de responsabilidad, públicos o no, es un valor importante en la medida en que curte en la toma de decisiones y enseña una lección fundamental: que no hay soluciones únicas ni fáciles para problemas complejos, como son todos los que afectan a una sociedad. Que los maximalismos son tan peligrosos como los análisis simplistas de la realidad. Que la gestión política no es una cuestión de mera voluntad, sino una negociación permanente entre intereses contrapuestos, tan legítimos unos como otros. Pero que sea deseable no la convierte en imprescindible, ni por supuesto debe ser una barrera de entrada.

Hay incluso peligros mayores que la inexperiencia, como esa tendencia a la vulgarización de la realidad y a la simplificación de las soluciones que esta campaña está convirtiendo en norma.