Un libro recoge la historia de Juan Pujol, «Garbo», quien facilitó informes falsos a los nazis durante la II Guerra Mundial «A los espías se les paga, nunca se les condecora», es la frase clásica, mitad temerosa y mitad despreciativa, con la que se despacha esta modalidad guerrera. Un historiador catalán, Pastor Petit, en su libro «Espionaje: la Segunda Guerra Mundial y España», trata en extenso dicha actividad durante el periodo 1939-45 con especial incidencia en el espionaje practicado por españoles fuera de nuestro país. La mayoría de los historiadores coinciden en calificar a Juan Pujol, «Garbo», como el espía español más importante de la II Guerra Mundial. Sus informes engañaron a Hitler y facilitaron el desembarco aliado en Normandía.
12 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Juan Pujol, Garbo en el mundo de los espías, había nacido en febrero de 1912 en Barcelona, de familia acomodada. Estudió Filosofía y Letras y en 1933 hizo el servicio militar en el Regimiento de Artillería de Barcelona. Comenzó la Guerra Civil combatiendo con la República y la acabó con los nacionales. Después conoció a una joven de Lugo, Araceli González, funcionaria del Ministerio de Comercio, casándose con ella y trasladando su residencia a Madrid. Comenzada la II Guerra Mundial, se ofreció como espía a los alemanes en la capital de España, pero con la intención de ofrecerse después a los ingleses. Ya como agente de la Abwehr, los servicios secretos almanes, se instaló en Cascais (Lisboa), pero hizo creer a los nazis que había salido para Londres. Alquiló una caja de seguridad en el Banco Espíritu Santo y, con la única ayuda de una guía y varios atlas de Inglaterra, comenzó a redactar falsos informes acerca de la situación bélica en Gran Bretaña que hizo llegar a Berlín, pero informando luego a los británicos. Pujol se entrevistó con el agregado naval de la embajada de los Estados Unidos en Lisboa y éste quedó asombrado, poniéndose en contacto con el MI-15 británico. Pujol pasaría a Gibraltar y de allí a Inglaterra, aterrizando en Plymouth el 16 de noviembre de 1940. Había nacido Garbo. El odio del catalán a los alemanes fue in crescendo, pues, cuando los nazis invadieron París, asesinaron a su hermano. El Inteligence Service le creó una red de agentes ficticios (como Alarico, Benedicto o Dragoberto) hasta un total de catorce. Garbo preparó sus informes con Tommy Harris, jefe del B-21 del Inteligence Service. En otro libro dedeicado al espionaje se afirma que «resulta inaudito que Pujol, que no dominaba el inglés y que hasta tenía problemas para contar peniques y chelines, llegara a engañar tan perfectamente a los alemanes». Pero contrariamente a la frase citada al principio, a Pujol no sólo se le gratificó espléndidamente sino que además, Hitler le concedió la Cruz de Hierro y la reina Isabel el grado de oficial de la Orden del Imperio Británico. Pero Juan Pujol no fue el único español que tuvo un papel destacado durante la II Guerra Mundial. El periodista de La Vanguardia Felipe Fernández Armesto (Augusto Assía), recibiría tras la guerra la Kings medal (Medalla del Rey), condecoración militar británica, para cuya concesión se tuvieron en cuenta unas crónicas suyas enviadas al periódico catalán desde Londres antes del desembarco en Normandía y que también sirvieron para despistar a los nazis. La condecoración se la impondría Ernst Bevin, aunque el propio Winston Churchill le envió una tarjeta en la que le decía: «Felicidades, pero me hubiera gustado imponérsela yo mismo».