El viaje en patera dura veinte horas, sin comer ni poder moverse, y muchos inmigrantes se hacen sus necesidades encima Desde que en 1996 llegaron las primeras pateras, los inmigrantes siempre fueron marroquíes. Pero a partir de enero del 2000, las mafias, conscientes de que son repatriados de forma casi automática, transportan sobre todo a subsaharianos en «línea regular», como llama la policía a las pateras que van y vienen con el mismo patrón. La mayoría procede de Nigeria, Sierra Leona, Malí y Liberia. Canarias es la ruta menos controlada. Los que alcanzan las islas parten de las costas de El Aaiún, antigua capital del Sahara español, y de las playas de Tarfalla. Sin embargo, es tal la cantidad de inmigrantes que quieren poner pie en el primer mundo que la ruta del Estrecho, a pesar de estar más vigilada, no ha dejado de ser lugar de destino. Ahora se encarcela a los patrones. Antes eran puestos en libertad y conocían el camino a fuerza de ir y venir hasta cuarenta veces.
05 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Muchas mujeres parten embarazadas de sus países de origen, como Cynthia Uwagbou. Ella arribó a Fuerteventura. Nació en Nigeria hace 19 años, pero se vio obligada a huir debido a la guerra. Su ruta duró casi tres meses y en su vientre viajaba una niña que nació apenas veinticuatro horas después de pisar la playa. «Mataron a mis padres. Tuve miedo. Y días después huí». Cuenta Cynthia que salió en un Land Rover en el que se apretujaban más nigerianos rumbo a Marruecos. Atravesó toda África y tardó casi tres meses, aunque no lo recuerda con exactitud. «Pasó mucho tiempo hasta que llegué a un lugar en el que subimos al barco pequeño. No sabía donde estaba. Sólo supe que había dejado atrás el África negra, porque la gente tenía la piel clara. Era un sitio con playa y había muchos nigerianos, también esperando para embarcar en una patera rumbo a Europa», recuerda. Después llegaron más inmigrantes embarazadas, como las que ahora conviven en el centro de acogida de la Cruz Roja en Puerto Rosario, capital de Fuerteventura: son cinco mujeres jóvenes y todas ellas acaban de ser madres. El viaje dura unas 20 horas. Salen protegidos por la oscuridad y llegan de madrugada. El trayecto es duro. La oscuridad del mar les hace temblar de miedo, y el salitre y el sol, de día, queman sus cuerpos hasta extenuarlos. No pueden moverse, si no zozobrarían, y entonces deben hacerse sus necesidades encima. Cuando pisan la arena aguardan en la orilla a la policía o son detectados en alta mar por la patrullera de la Guardia Civil sin oponer resistencia alguna. Las embarazadas son conducidas directamente al hospital. Los agentes se sienten impotente ante esta avalancha humana. Confiesan que no se acostumbran a este drama, y que incluso de sus casas traen ropa seca y comida caliente para auxiliar a los inmigrantes mientras se realizan los trámites policiales. Pagan dos veces El 50% de los inmigrantes que llegan en patera son de origen nigeriano. Algunos pagan peaje a las mafias dos veces. Primero, cuando salen de su país, y después, cuando se embarcan en la patera en El Aaiún. Las cantidades rondan las 300.000 pesetas y algunos confiesan haber pagado hasta medio millón. La mayoría se desplaza por tierra vía Mali y Mauritania, hasta Marruecos. Otros, en mercantes, hacen escala en Cabo Verde, en la Isla de la Sal, y de ahí a las costas marroquíes, camino de Fuerteventura o Lanzarote. Según la Delegación del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración, el año pasado fueron detenidas 15.000 personas que llegaron en patera a España. Cifra que cuadruplica la de 1999. Sólo en Canarias arribaron en el año 2000 unos 2.500 inmigrantes, de los que la tercera parte son mujeres.