Detenido un párroco de Cuenca que robó miles de piezas arqueológicas de la época ibera El párroco de Iniesta (Cuenca), Silvestre Valero Segovia, ha sido detenido por la Guardia Civil bajo la acusación de ser el jefe de una trama de expolio arqueológico en uno de los yacimientos iberos sin excavar más importantes de la península. Los investigadores, que tras el descubrimiento de más de 2.000 piezas a principios de febrero creyeron haber terminado con una red de «ladrones de tumbas», han descubierto en los últimos días que el cura tenía oculta en una nave de cultivo de champiñones y en su domicilio una colección de piezas de incalculable valor, algunas del siglo V antes de Cristo.
03 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El pasado 11 de febrero, el Equipo de Patrimonio de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil encontró en dos domicilios de la localidad de Puebla del Salvador (Cuenca) más de 2.000 piezas arqueológicas que un presunto ladrón de tumbas valenciano, Julián Cuevas Poveda, había expoliado en sus continuos viajes al yacimiento conquense de La Manchuela. La denominada operación Cerro Gil se saldó entonces con la detención de Cuevas y la recuperación de algunas piezas únicas del arte ibero, como una estatuilla votiva (ofrenda a dioses y muertos) de un jinete que los expertos datan en el siglo V antes de Cristo. Además, los funcionarios se incautaron de una placa de bronce con un manuscrito de gran valor. El detenido pretendía vender alguna de estas piezas en el mercado negro. Las investigaciones se reabrieron a mediados del pasado mes, al sospechar que Cuevas no trabajaba solo. Las pistas llevaron a la localidad de Iniesta, cuyo párroco, Silvestre Valero, era conocido por sus vecinos como un estudioso de la arqueología y solía visitar con asiduidad el yacimiento de La Manchuela. Bajo la coordinación del Juzgado Central de Instrucción número uno de Motilla de Palancar, hace una semana los funcionarios registraron las viviendas del cura, su hermana, Guadalupe Valero, y una nave de cultivo de champiñones de ésta última. Allí, los agentes descubrieron el particular museo que el cura Silvestre había recopilado durante años (con ayuda de los dos detectores de metales que le fueron descubiertos).