DESDE EL CENTRO
19 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Me quiero dirigir a vosotros, queridos colegas de la Redacción central de La Voz de Galicia, esforzados de la verdad gallega, en estos tiempos en que, otra vez, como si fuera una maldición, pinta «tragedia negra» en vuestras costas. Sé que recogéis y portáis con orgullo la antorcha de varias generaciones desde 1882, la que encendiera el fundador don Juan Fernández Latorre, y que seguís sorteando tempestades en el siempre proceloso mar de la verdad. Compro aquí, en Madrid, en la capital del Imperio, el periódico que hacéis cada día y en el que tengo el honor de ocupar un par de veces a la semana este rincón. Ausculto estos días, más que nunca, con el elemental fonendoscopio del viejo reportero lo que pasa en vuestra Redacción, que es, como en los últimos 120 años, lo que pasa en Galicia. Leo, también como viejo reportero, entre las líneas que cuentan la tragedia. Y estáis dando una diaria lección de periodismo sin calificativos ni adjetivos que son los que prostituyen la esencia de nuestro oficio. Sois la resistencia al olvido y a la maldición. Sois, queridos colegas, la reivindicación permanente de que no pueden haber en vuestras costas más «maregeos» ni más «urquiolas» ni más «prestiges». Aunque algunos se hayan dado cuenta -¡ahora!- de que Galicia existe, a golpe de 30 euros diarios por cabeza de mariscador o tripulante; a golpe de 21 euros por barco y cinco más por tonelada de registro. Como si el abandono y el olvido ancestrales tuvieran precio. Contad mañana, queridos colegas, que también aquí, en la capital del Imperio, a algunos nos duele ahora más que nunca Galicia de tanto como la amamos.