Un gran Pulgarcito muy particular

Marina de Miguel MADRID

ESPAÑA

RAQUEL P. VIECO

El mítico personaje de Perrault, visto por el ilustrador Miguel Ángel Pacheco, ha sido galardonado con el premio al mejor libro en la categoría infantil y juvenil

13 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

«Érase una vez», llave mágica con la que se abre cada noche, a la hora en que se acuestan los niños, el mundo de la fantasía y la imaginación, goza de una eficaz antídoto para no caer en el olvido. Pulgarcito, Blancanieves, La Bella Durmiente, Cenicienta, Caperucita Roja o El Gato con Botas tienen un lugar seguro en este mundo dominado por los ordenadores y los medios de comunicación gracias a la colección que acaba de publicar Círculo de Lectores. Con Cuentos clásicos ilustrados esta entidad pretende demostrar la plena vigencia de estos relatos imaginarios de toda la vida, a la vez que intenta devolverles su «dignidad» recurriendo a los textos originales perdidos a causa las numerosas versiones que de ellos se han realizado a lo largo de numerosos años. Estos volúmenes, en principio seis, aunque pronto esperan que la cifra se amplie indefinidamente, según adelantó Pilar Vázquez, responsable del área infantil y juvenil de Círculo, son auténticas joyas de arte, gracias a las maravillosas ilustraciones que iluminan cada narración. Miguel Ángel Pacheco, Jesús Gabán, Pep Monserrat, Javier Serrano, Gusti e Isabel Forestier han sido los encargados de propiciar con sus dibujos una visión personal de estos clásicos de la literatura. Porque como considera Teresa Durán, escritora y especialista en literatura infantil, su función «va más allá de una labor de adorno u ornamento». Igual que los directores de orquesta «recrean la historia, eligiendo los personajes, los escenarios, las luces y hasta los decorados». «La literatura no existiría sin la imaginación y ésta necesita nutrirse de las imágenes y los dibujos que hemos visto a lo largo de toda nuestra vida», afirmó Durán al alabar la importente función pedagógica que tiene la ilustración. Por ejemplo, para imaginarse a un hada, a un enano o a la propia madrasta de Blancanieves u otros personajes que no existente en el mundo real, uno debe recurrir a la imagen que un dibujante a creado previamente a partir de una idea. Sesgo personal Este sesgo personal que incluye el dibujante se comprueba en el Pulgarcito de Pacheco, galardonado con el premio al libro mejor editado editado del año en la categoría infantil y juvenil que cada año concede el Ministerio de Cultura. En él, la vestimenta de la familia campesina remite a finales del siglo XIX, las facciones del protagonista recuerdan a un frágil niño de los países del este y el malévolo ogro comedor de niños es «una inverosímil mezcla de robocop y nazi», como él afirma. Incluso la legendaria bota de siete leguas, tan esencial en esta historia que él considera «la menos políticamente correcta pues los padres abandonan a los hijos», ha sido sustituida por una máquina que parece sacada de la imaginación de los escritores Julio Verne o el mismo Wells. La belleza de estas imágenes y el enorme tamaño tanto del libro como de las letras, los hacen apropiados para que los padres los lean a sus hijos y éstos den sus primeros pasos en atrayente mundo de la lectura. Sin embargo, esta inmensa labor de creatividad, que en la mayoría de los casos ha necesitado muchos meses para dar un resultado final acorde con el valor del proyecto, merececía una recompensa. Llenas de vivos y atrayentes colores que resaltan sobre marcos negros, estas mismas viñetas que ayudarán a los niños a conciliar el sueño y a se exponen en la sede de Círculo de Lectores hasta el próximo día 19 de enero del 2003 en la interesante muestra Imágenes del siglo XXI para historias de siempre.