Fundado en 1920, es el taller responsable del vestuario de la mayoría de las películas españolas y obras teatrales
27 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Disfraces, máscaras, desenfreno y fiesta. El carnaval se acerca y, ante ello, dos alternativas: confiar en su imaginación, creatividad y, sobre todo, buen hacer o recurrir a expertos en la materia y alquilar un disfraz. Cornejo, casa fundada en 1920 por Humberto Cornejo, un emprendedor sastre enamorado del cine y el teatro, es la responsable del vestuario que aparece en la mayoría de las películas españolas: Juana la loca , El perro del hortelano , El rey pasmado o El embrujo de Shangay, galardonada con un Goya al mejor vestuario. Pero también tejieron la atmósfera oriental de 55 días en Pekín, superproducción rodada en Almería, dieron fuerza y valor a El Cid y protegieron, no con hierro sino ligera fibra, los fornidos músculos de Russell Crowe en Gladiator. «Este año todos quieren ser Légolas, Gandalf, Frodo o cualquier integrante de la compañía del Anillo», comenta José Luis, uno de los encargados del almacén, consciente del hechizo que la «gran pantalla» tiene en la sociedad. Mención especial merecen los asistentes a fiestas y bailes, como el del Círculo de Bellas Artes, que buscan atraer todas las miradas posibles. En tal cometido, triunfa el valier: casaca, sombrero de tres picos, pantalones por la rodilla, medias, peluca blanca, pañuelo y lunar en la mejilla. Toda la elegancia y romanticismo de la aristocracia del siglo XVIII francés. El único problema que reporta esta opción es el peso de los fabulosos atuendos femeninos, provistos de unos tirantes de goma para hacer la carga más llevadera. En otras palabras: «para estar bella hay que sufrir». Enaguas, espadas, ligas, gargantillas, sombreros, cualquier complemento esencial para hacer el disfraz más creíble se puede encontrar entre estas paredes. Debido a la cantidad de trajes que poseen, «incontables, pues no paramos de hacer nuevos», comenta Cristina, la encargada, es conveniente traer una idea predeterminada y mantener la mente abierta a cualquier sorpresa. Cuando decida visitar Cornejo (Rufino González, 4 bis) no es extraño que se encuentre con figuras del teatro y la zarzuela que vienen buscando los sabios consejos y las habilidades con los que vestir nuevas creaciones escénicas. Si son impresionantes los almacenes, tienen cuatro naves a las afueras de Madrid donde guardan la mayor parte del material, indescriptibles son los talleres, repletos de bobinas de hilo, donde diseñan y confeccionan la ropa.