Martes 8 de abril. Pleno del Congreso . Luis Acín , diputado por Huesca del Grupo Popular ocupó su escaño con un plan excepcional en su cabeza. Nadie en su entorno sospechaba que iba a convertirse en el único hombre con relevancia institucional que ha dicho no a Aznar desde sus filas. Manuel Pimentel dimitió como ministro en febrero del 2000 y se dio de baja del PP al iniciarse la guerra al margen de la ONU , pero los populares lo daban ya por amortizado. El diputado López Medel escribió un artículo contra la guerra pero algo le debió pasar porque después, en vez de ratificarse, se rectificó en público. El malestar de Acín era creciente según comentan diputados de su antigua formación: «Se le fundieron los plomos, según explicaba, al ver por televisión la rueda de prensa de las Azores con Aznar entre los convocantes de hecho de la guerra. Esperó el conejo de la chistera y a los pocos días, al ver los muertos civiles, dijo que ya tanto le daba el conejo». Otro diputado apunta que a Acín le sublevaba que una posición tan arriesgada de su partido se hubiera tomado sin reunión alguna del Grupo Parlamentario y propuso sin éxito a varios diputados exigir esa reunión.Hace dos meses había renunciado a encabezar la candidatura a la alcadía de Huesca que en su día ganó con el PAR y al puesto segundo en la lista para las Cortes de Aragón alegando que estaba de baja. Y es cierto que estuvo de baja. Tan cierto como que después le dieron el alta. «Sólo recuerdo un problema suyo con el partido en estos dos años de militancia», señala un ex colega: «Cuando se abstuvo en una votación provocando gran irritación de Álvarez Cascos . Nos ofrecimos para pagar a escote la multa que le impusieron, pero se negó».Al caer la tarde, el diputado que la iba a armar le dijo a su paisano Labordeta : «Me voy a tomar un café». Pero se fue a su despacho. Allí, a mano, en un papel timbrado de diputado, escribió lo que, según un funcionario, reza textualmente: «Querida presidenta: Lamento comunicarte que presento mi renuncia al acta de diputado del Partido Popular por la provincia de Huesca por discrepar con la posición del presidente del Gobierno en la guerra de Irak ». Descolgó el teléfono y llamó a la agencia Efe en el propio Congreso. Al periodista Luis Sanz le sorprendió el mensaje: «No nos conocemos. Soy Luis Acín. Si podemos vernos un momento en el patio, tengo una información que puede interesarle». «Me flaquean las piernas» Una vez ante el intrigado periodista, le invitó a que le acompañara al registro. Eran las siete cuarenta de la tarde cuando le pidió a una de las dos funcionarias de guardia que leyera el papel que llevaba en la mano por si había algún defecto formal. La funcionaria lo leyó, tragó saliva y le dijo que era correcto. «Le pido un favor -recuerdan que dijo-, séllemelo y no lo circule hasta las ocho, la hora de cerrar. Necesito estos veinte minutos para salir de aquí». Y al periodista consumido por la curiosidad le dijo: «Voy a tomarme un cortado porque me flaquean las piernas». Ya en el patio le dio a leer la fotocopia del papel y el hombre se quedó helado, pero no abrió la boca porque justo entonces se le acercaron dos diputados populares y le preguntaron a Acín cuánto faltaba para votar en el pleno. «El tiempo de un cigarrico», contestó. Salió por la puerta de la calle Zorrilla y entró en el Bar Manolo . Al minuto se le plantó delante otro periodista intrigado por los insólitos paseíllos por la casa del diputado con el delegado de Efe y, sobre todo, por la carrera que se echó éste hacia el teléfono en cuanto Acín se metió en el Manolo. «Perdone que le moleste. Soy periodista. ¿Pasa algo?». Acín le enseñó el papel y ante la perplejidad de la parroquia, el periodista gritó: «!Con dos cojones! ¡Enhorabuena! Ya era hora de que alguien hiciera algo así». Y acto seguido le largó un abrazo. «Por favor, permítame llamar a mis compañeros, que seguro que querrán aplaudirle. Se lo ruego». El diputado se negó diciendo que debía ausentarse rápidamente, pero en presencia del periodista todavía llamó a su mujer: «Olga, que acabo de dimitir... Ahora mismo... No lo sabías tú, ni nadie... Sí, sí, puedes contarlo en Huesca. Aquí aún no lo saben. Ya te llamaré». Según un testigo presencial, apagó su móvil y desapareció andando calle abajo. A los pocos minutos el camarero de la barra vio asomarse un desfile de gente que llegaba corriendo, miraba y se iba ligera. Se había decretado la búsqueda urgente de Luis Acín por despachos, pasillos y cercanías del Congreso. Si lo hace de otro modo lo cazan.El azar quiso que horas después, cuando entraba con su hija en un restaurante, se tropezara con Labordeta, acompañado de un grupo de actores del No a la guerra. «Le di un abrazo que seguro que aún le duele», dice el diputado-músico. «Me anunció que no podía hacer otra cosa en conciencia, que no iba a hacer declaraciones porque no quería protagonismo y que tenía el móvil a reventar de llamadas de periodistas y también de más de 20 diputados populares expresándole su admiración y afecto».Al día siguiente, en la reunión del Grupo Parlamentario Popular, la misma que anhelaba Acín pero ya a guerra casi pasada, el portavoz Luis de Grandes estuvo respetuoso con él. Sólo que atribuyó la dimisión a motivos personales. Un amigo común de Huesca asegura que hacía años que no veía a Luis tan relajado, tan liberado.