«Mariano, te ha tocado»

Magis Iglesias

ESPAÑA

GUSTAVO CUEVAS

La Voz adelanta el primer capítulo de «La sucesión», un libro escrito por la periodista Magis Iglesias que narra los acontecimientos que rodearon a la noticia política del año

13 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Mariano Rajoy había pasado la noche en vela. Pero su hijo de cuatro años no tuvo la culpa del insomnio. La conversación que mantuvo con el presidente la noche anterior le había dejado el corazón en un puño. Hacía algunas horas que todos los indicios le llevaban a sospechar que él podía ser el elegido. Se sentía como si estuviera dentro de un abrigo de acero. Todavía con capacidad para el movimiento pero cada vez más abrumado por el vértigo al ver que se acercaba el momento de la verdad. La tarde anterior, el viernes 29 de agosto, José María Aznar le llamó a su despacho después de haber celebrado consultas con varios ministros y altos cargos del PP. La conversación entre los dos fue larga y prolija. Hablaron de todo y el vicepresidente tuvo la sensación de que estaba siendo sometido al último y definitivo examen. (...) Cuando pasaban de las nueve y media de la noche, el gallego abandonó el complejo de La Moncloa para regresar a su casa. La charla había concluido sin más. Ni una palabra de confirmación. Ni un gesto rotundo y significativo. El presidente no soltaba prenda. En aquellas condiciones no se podía trabajar. Sin embargo, el número dos del Gobierno llegó a su despacho a la hora de siempre e intentó resolver los asuntos que le presentó su jefe de Gabinete, Francisco Villar. Escuchó sin oír la larga lista de llamadas de las que le informó Rosa Fernández, su secretaria. Pero no podía concentrarse. De pronto, escuchó el timbre del teléfono y vio, casi de soslayo, cómo se iluminaba la tecla de la línea directa del presidente. Descolgó el auricular e identificó al instante la voz del otro lado: -Mariano, te ha tocado. Así de simple. Así de frío. Así recibió el elegido la confirmación de la gran noticia; la que todos esperaban, muchos sospechaban y nadie más que Aznar López conocía. (...) La gran decisión, que inauguró un nuevo capítulo en la trayectoria del Partido Popular, se forjó progresivamente durante años. Sin embargo, su resolución final fue el fruto de una reflexión personal que José María Aznar vivió en soledad durante sus vacaciones estivales en Menorca. «Mucho mar y mucha playa» El viernes 1 de agosto, al término del Consejo de Ministros, dejó claro a los miembros de su Gabinete que se abría un período de descanso para todos y especialmente para él, y que no quería ver a nadie en las inmediaciones de su casa en la isla balear. -El otoño va a ser muy complicado porque tenemos por delante cinco procesos electorales y habrá que trabajar mucho. Así que disfrutad de las vacaciones y os quiero a todos descansando, menos a los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa, claro. Ya sabéis, mucho mar y mucha playa. En esta conversación, algunos miembros del Ejecutivo atribuyen al Presidente una apostilla, en tono de broma pero perfectamente identificada con la defensa de su intimidad. -El mundo es muy grande y hay muchos sitios para irse de vacaciones sin tener que pasar por Menorca. No quiero ser descortés, pero si algún ministro aparece por allí voy a tener que serlo. (...) Se fue a Menorca con la familia y apenas cuatro personas de La Moncloa pero, casi todos los días, ponía agua de por medio y salía a navegar en el barco de alquiler de los últimos veranos. (...) No recibió a nadie. Al contrario de otros veranos, no tuvo visitas. Pasó los veinticinco días en constante reflexión. Pero supo, por los periódicos, que algunos de los miembros de su Gobierno habían estado muy cerca y surcando las mismas aguas que él. El presidente de Baleares y ex ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, organizó un crucero por el Mediterráneo del 4 al 9 de agosto e invitó a unos amigos. El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, el ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, y la conselleira de Familia de la Xunta de Galicia, Pilar Rojo, viajaron con Matas y sus respectivos cónyuges. (...) Tocaban puerto rara vez y, en el más absoluto anonimato, se dirigían a un restaurante para cenar. El atraque en Ibiza fue distinto porque el presidente balear confesó a sus compañeros de viaje que se sentía obligado a invitar a la cena al presidente del Consell Insular, Pere Palau. El señor Palau, encantado de la vida, reservó para la ocasión una mesa en un nada discreto restaurante de la zona vieja de la capital ibicenca, en el interior del castillo. Casualmente, un fotógrafo de prensa pasó por allí cuando el presidente del Consell cenaba con sus invitados e inmortalizó la ocasión. Los ministros y el vicepresidente se temieron lo peor. Al día siguiente por la mañana, los veraneantes se reunieron en el desayuno y fueron directamente a ver el montón de periódicos que les esperaba sobre la mesa. El Mundo de Ibiza y Formentera exhibía con descaro en la página 19 la fotografía del vicepresidente, el ministro y el president , en compañía de su anfitrión ibicenco. «Pere Palau entabla debate sobre la sucesión de Aznar con Rajoy, Zaplana y Jaume Matas», rezaba el titular. Nada menos. Sus tres acompañantes miraron al vicepresidente primero, quien, con su flema habitual, apuntó: -Lo primero que hay que saber es si este periódico se publica en Menorca. Jaume Matas corrió al teléfono e hizo la consulta para regresar con la respuesta. -Sí, Mariano. También se publica en Menorca. «Todo llega» Durante los veinticinco días que pasó en Baleares, José María Aznar trabajó en el diseño de un minucioso plan para la presentación y desarrollo del anuncio de la sucesión. No dejó nada al azar. Hasta el más mínimo detalle -incluidas las filtraciones a los medios de comunicación-, estaba pensado con previsora anticipación. El día D y la hora Cero fueron el viernes, 29 de agosto, a las 12.30. Los ministros y vicepresidentes escucharon la fórmula ritual con la que el presidente daba por concluida la reunión del Consejo de Ministros. Inmediatamente, cuando ya se disponían a abandonar la sala, José María Aznar empezó a hablar: -Todo llega -les dijo, y se dirigió a Javier Arenas con el mismo tono protocolario que utiliza en las sesiones oficiales del Gabinete-: Señor secretario general, convoque al Comité Ejecutivo para el lunes, día 1 de septiembre, y a la Junta Directiva nacional, el martes 2, con el siguiente orden del día: análisis de la propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno en las elecciones de 2004. Buena suerte y buena mano- dijo a sus estupefactos interlocutores. (...) La noticia llegó apenas tres cuartos de hora antes de que el vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, Mariano Rajoy, apareciera ante los periodistas para informar de los acuerdos del Consejo de Ministros. La rueda de prensa era la habitual de cada viernes, pero la coincidencia de la noticia con la comparecencia ante la prensa de uno de los favoritos para la sucesión empezó a hacer subir como la espuma las sospechas, en muchos despachos de altos cargos y dirigentes del PP. Con un tono monocorde -que recordaba mucho al que había utilizado medio año antes en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados para informar de la crisis del Prestige-, dio cuenta de los asuntos ventilados por el Consejo de Ministros en su primera reunión de la temporada. Cuando concluyó la rutinaria lectura de los acuerdos, levantó la vista del papel y se dirigió a la sala con socarrona intención. -¿Alguna cuestión? -preguntó como si nada. Ambigüedad calculada Las preguntas surgieron, inevitables, una tras otra, sobre el proceso abierto para la elección del candidato del PP, la opinión del portavoz sobre sus posibilidades para ocupar el cargo, los detalles del período previo al traspaso de poderes entre el presidente y su sucesor, etc. Con la misma calculada ambigüedad de la que suele hacer gala cuando le interesa, respondió a todos los interrogantes con idéntica amabilidad y contenido nulo. «Sobre este asunto no parece razonable que yo cuente ni siquiera lo que sé.» «Es una cuestión sobre la que no he presentado un informe al Consejo. Creo que tengo las mismas posibilidades que puedan tener otros militantes del partido.» «Lamento no ser más explícito -se excusó-, pero estoy seguro de que ustedes harían lo mismo si estuvieran en mi lugar». (...) Era evidente que Rajoy intuía que se encontraba en un momento crucial de su vida política. Sobre todo, por el exquisito cuidado con el que se manejaba a la hora de responder a las preguntas, en un intento excesivo por guardar las formas y mantener un tono moderado en todas sus intervenciones. Ronda de consultas Después de informar a los ministros, Aznar abrió una ronda de conversaciones sobre el sucesor. Paradójicamente, reclamaba una opinión a los consultados pero no les facilitaba el nombre del elegido. En realidad, se limitaba a pedir a sus interlocutores el apoyo a la propuesta que llevaría el lunes siguiente al Comité Ejecutivo nacional. Era una ecuación de segundo grado que los dirigentes del PP no podían despejar por falta de datos. Dio igual, la puesta en escena de la consulta se saldó con un rotundo éxito por la docilidad de los populares ante su presidente. (...) Rato, que tenía previsto regresar a Gijón tras la reunión del Gabinete, aplazó el viaje para acudir a La Moncloa a las cuatro de la tarde. A Jaime Mayor, el aviso le pilló de romería, con su familia, en la ermita de la Virgen de la Luz, cerca de Tarifa. No podría estar en Madrid hasta el día siguiente, pero la secretaria del presidente le insiste en que acuda a La Moncloa en cuanto regrese a la ciudad, ese mismo viernes. Y lo hace a las ocho de la tarde. Antes que él, habían pasado por el «confesionario» aquella tarde, entre otros, Arenas, Ruiz-Gallardón y los ministros de Trabajo y Justicia, Eduardo Zaplana y José María Michavila. Pero, sobre todo, el presidente se pasó casi todo el día colgado del auricular, entre visita y visita. -Hola. Te llamo para darte la noticia. Ya sabes que el lunes vamos a celebrar Comité Ejecutivo para aprobar la propuesta del candidato y quiero pedirte el máximo apoyo.. (...) No es una decisión fácil tomar pero te aseguro que ha sido muy meditada porque sé que es muy importante para el país. Y quiero saber cuál es tu opinión. -Lo que tú propongas y la decisión que tomes tendrá todo mi apoyo porque sé que será lo mejor. -Espero haber acertado por el bien del partido y de España. Esta conversación se mantuvo, en la mayoría de las ocasiones, por teléfono, entre el presidente del PP y los responsables autonómicos o regionales e incluso con los miembros del Gabinete que recibió en su despacho. (...) Hubo quienes se atrevieron a hacer apuestas personales y apoyaron a alguno de los tres posibles candidatos. Pero la mayoría se abstuvo de preguntar el nombre del elegido al comprobar que Aznar no parecía dispuesto a desvelarlo. (...) Pío García-Escudero se arriesgó a ser indiscreto pero obtuvo una negativa por respuesta. «A ti te lo voy a decir» -¿Y quién va a ser? -inquirió el político arquitecto. -A ti te lo voy a decir -replicó su interlocutor. (...) A medida que avanzaba la crítica jornada del viernes en que se anunció la inminencia de la elección, aumentaba de manera vertiginosa el rumor favorable a Rajoy, mientras que los seguidores de Rato sufrían una metamorfosis similar pero en proporción inversa. (...) El presidente del Gobierno debía concluir sus consultas antes del día siguiente por la tarde, cuando tenía previsto llevarse al elegido a la finca de Quintos de Mora para preparar, a solas, el futuro. Después de haber azuzado el rumor, le molestaba profundamente que muchos, en especial los medios de comunicación, dieran por hecho que ya existía un candidato cuando todavía no había concluido su ronda de conversaciones en el partido. «La sucesión» Magis Iglesias © Temas de Hoy