García Lorca ya no vive en esta casa

Carmen Romero madrid

ESPAÑA

F. S.

Reportaje | El Madrid de los literatos El olvido ha hecho estragos en los domicilios madrileños de algunos de los mejores escritores del siglo XX

05 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Algunos de los mejores escritores del siglo XX nacieron, vivieron y murieron en Madrid. Mientras unos, como Valle Inclán, permanecieron buena parte su vida en una ciudad en la que no habían nacido, otros, como Borges, estuvieron sólamente de paso. Su huella en los lugares donde vivieron se limita a las discretas placas conmemorativas de Ayuntamiento, y las paredes que una vez alojaron a genios universales albergan hoy grises oficinas, residencias de ancianos o, como en el caso de Vicente Aleixandre, restos de fogatas y basura que revelan el deterioro de una vivienda abandonada. Últimamente se ha hablado mucho de Villa Velintonia -así se llama la casa de Aleixandre, situada en la ciudad Universitaria- a causa del lamentable estado en que se encuentra. El que fue cuartel general de la Generación del 27 es hoy un edificio decadente en el ya no vive nadie. El antaño bien cuidado jardín de esta casa, en la que el escritor residió desde su juventud y donde recibió la noticia de su premio Nobel en 1977, es ahora un caos de maleza que, según indican la basura y las huellas de hogueras, está siendo utilizado para fines menos literarios que los que vivió hasta la muerte del autor de Espadas como labios. En la fachada, una placa recuerda tímidamente que todo ese descuido consume la vivienda de uno de los poetas más puros del último siglo, y una veintena escasa de años desde su muerte -murió en 1984- ha bastado para abandonar su legado. Olvido y estragos El tiempo también ha hecho estragos en el Hostal Americano, donde se alojó Jorge Luis Borges en 1920. Por las ventanas del mismo salón donde el escritor bonaerense compuso sus primeros poemas ultraístas, entra ahora un sórdida luz de neones. El autor de Ficciones residió durante un año en este hostal, que actualmente sigue ocupando la tercera planta del número 11 de la Puerta del Sol, un edificio decadente que hace esquina con la calle del Carmen y ostenta una placa conmemorativa de su estancia. Las habitaciones desde las que Borges se traladaba a la tertulia ultraísta del poeta Rafael Cansinos-Assens y al círculo literario del café Pombo, donde conoció a Ramón Gómez de la Serna, son hoy lugar de descanso de una peculiar mezcla humana, en la que no faltan los vagabunos de la zona. Asentado en un piso del barrio de Chamberí, Camilo José Cela diseccionó, capa por capa, la sociedad madrileña para escribir La Colmena. Nacido en la localidad coruñesa de Iria Flavia, el premio Nobel de Literatura de 1989 vivió en Madrid desde 1925, cuando tenía nueve años, hasta que en 1954 se trasladó a Mallorca. Su última residencia en la capital fue, desde 1945, el número 54 de la calle Ríos Rosas, el mismo inmueble donde César González Ruano escribió casi toda su obra. Casi diez años antes de que el autor de la familia de Pascual Duarte se se mudara a este edificio, el asesinato del más universal de los escritores españoles del siglo XX, Federico García Lorca, dejó vacía su residencia madrileña, en el cruce de las calles Goya y Alcalá. El poeta y dramatugo residió, desde 1933 y hasta su muerte, en el cuarto piso de esta casa señorial. Las mismas paredes entre las que Lorca dio forma definitiva a La casa de Bernarda Alba han olvidado a su inquilino y albergan hoy una clínica psicológica. También en el barrio de Salamanca, una residencia de ancianos de la calle Conde de Peñalver guarda el recuerdo de otro poeta víctima de la Guerra Civil, Miguel Hernández. El autor de las Nanas de la cebolla hizo en este edificio madrileño, utilizado como prisión durante la contienda, una de las muchas escalas del largo periplo carcelario que le llevó por buena parte de la geografía española hasta que, en 1942, una tuberculosis acabó con su vida. A pesar de que el olvido ha hecho mella en casi todos estos lugares y casi nadie sabe donde vivieron Cela o Borges, hay un domicilio que sí merece anualmente la atención de los admiradores del literato que lo ocupó. Es la vivienda de Ramón María del Valle Inclán, situada en el mismo callejón donde ambientó las andanzas de sus Noches de Bohemia. La Noche de Max Estrella, llamada así en recuerdo del protagonista de la citada obra teatral, aboga cada año por el recuerdo y organiza un peregrinaje a la casa del gran escritor gallego Valle Inclán.