Cuando el éxito en el cine no estaba reñido con el talento

Gonzalo Bareño madrid

ESPAÑA

No se lo pierda | «El cine de los 70» La editorial Taschen recoge en un volumen las películas más características de los años 70, época en la que surgieron los grandes maestros actuales.

13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

En una época en la que casi todas las películas de éxito parecen iguales hasta el punto de que es difícil reconocer la mano de sus directores en la obra, resulta reconfortante la aparición de un libro como El cine de los 70 (Taschen). Y no sólo por lo cuidado de la edición, que recoge 140 películas muy significativas de ese periodo en un grueso volumen repleto de fotografías. Es asombroso comprobar como hace apenas 30 años se pudieron suceder en sólo una década una colección tal de obras maestras de la cinematografía rodadas por directores con características muy dispares pero con un vínculo común: una creatividad desbordante. El libro de Taschen, que facilita todos los datos de cada filme, desde su director, actores, directores de fotografía y el resto de equipo artístico, incluye unos acertados análisis de cada película escritos por especialistas. Se comprueba así cómo en los 70 surgieron con un talento arrollador directores que hoy son considerados maestros del cine pero que no han perdido por ello su creatividad e independenia, algo que hoy se echa de menos en directores de éxito más reciente. Ahí están Stanley Kubrick, capaz de parir en un corto periodo de tiempo dos monumentos conematográficos como 2001, una odisea en el espacio y Barry Lyndon. Pero también está ahí el primer Scorsese, con la inquietante Taxi Driver, el Woody Allen de Annie Hall o Francis Ford Coppola, con las primeras partes de la saga de El Padrino. Pero es que en esos mismos diez años emergió también otro tipo de autor, capaz de conjugar el éxito de masas con la más alta calidad. El paradigma de ese grupo es sin duda Steven Spielberg, quien, tras unos portentosos balbuceos artísticos alumbró Tiburón, un filme hoy infravalorado que le sitúa sin duda en el Olimpo del cine. Una obra imprescindible.