Crónica política
04 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El enrarecimiento del clima político en las últimas semanas puede tener relación directa con una supuesta estrategia del PP para forzar el adelanto de elecciones y evitar que los socialistas se consoliden en el poder. A esta conclusión conducen los acontecimientos de la pasada semana y el resultado de una encuesta que La Voz ha realizado entre distintos analistas y exponentes políticos. Algunos de los consultados estiman que el PP busca acortar la legislatura pero, fundamentalmente, llegar a las urnas en un clima de crispación por entender que les favorecerá electoralmente. «Los mejores resultados siempre los han obtenido cuando logran articular el malestar, como sucedió el período 93-96», sostiene Rafael Delgado , que durante años dirigió el gabinete de Alfonso Guerra en el partido y en la vicepresidencia del Gobierno. La hasta ahora letra menuda de algunos discursos en los que tangencialmente se hablaba de «crisis institucional próxima» ( Acebes ) o «posible adelanto de elecciones» ( Zaplana ) se está llevando a la práctica. Algunas actitudes que se han visto en las Cortes recientemente (pancartas de los senadores populares ante Zapatero en el hemiciclo y el abandono del pleno por los diputados del PP el jueves) confirman que la operación va en serio. La recuperación de la alcaldía de León vía tránsfugas -vulnerando los acuerdos para evitar estos casos- son una señal clara de que todo vale a partir de ahora. Parece que estamos en otra fase del acoso al Gobierno. Y se teme que, además del Parlamento -«a la gente no le gustan las broncas aquí», dice el presidente del Congreso Manuel Marín -, la crisis institucional prosiga en el ámbito de la Justicia y en las relaciones con la Iglesia Católica. Sin autocrítica La última semana ha sido de fuertes turbulencias, pero, probablemente sólo la antesala de lo que viene. Comenzó el lunes con la comparecencia río de Aznar en la comisión de investigación del 11-M y se cerró con el susto de ETA en Madrid levantando acta de que está todavía ahí, aunque debilitada. Aznar, que demostró su gran resistencia física al comparecer once horas casi seguidas sin probar bocado, trazó su autorretrato con brocha gorda y sin un matiz en el que pudiera leerse algún rastro de autocrítica: lo más lejos posible del «algo habremos hecho mal para perder las elecciones» de Ruiz Gallardón en el Congreso del PP. Con ese clima, el Gobierno no lo va a tener fácil pero Mariano Rajoy tampoco. «El drama de Mariano -sostiene el ex presidente del PP Antonio Hernández Mancha - es que la base de su partido tiene como referencia doctrinal el discurso de Federico Jiménez Losantos en la COPE». Consta a quien lo conozca que al actual presidente del PP no le complacen las situaciones ácidas y que es el escenario en el que su capacidad política brilla menos. La vuelta al aznarismo duro, que según algunos encuestados estamos viviendo, no complace a los moderados del PP, ni tampoco a sus socios navarros y canarios. «La política del "todo vale" que parece imponerse nos preocupa seriamente», declara a La Voz un alto cargo del Gobierno canario. «Nosotros somos nacionalistas, pero constitucionalistas españoles y europeos, y cuando oímos decir a nuestros socios de gobierno que a lo mejor no votan la Constitución europea el 20 de febrero por oponerse a Zapatero nos parece una barbaridad. Canarias sin Europa puede convertirse en Burundi», añade con crudeza. A la decisión popular de forzar las cosas -o de «echarse al monte de la mano de Aznar», como dice Pérez Rubalcaba - los socialistas han contribuido eficazmente con una cadena de errores más propia de principiantes que de profesionales (declaraciones de Moratinos , pérdida de votaciones clave en el Congreso por simple desorganización, etc.). Esos errores han inquietado seriamente a una parte del electorado socialista, y, como ha podido comprobar La Voz, han minado incluso la moral de algunos colaboradores del Gobierno. «Tenemos un problema de coordinación y otro de comunicación», sostiene uno de los diputados más destacados del PSOE, quien reconoce que «sólo el presidente y Pepe Blanco creían en la victoria en las urnas el 14 de marzo y quizás por eso se formó un gobierno precipitadamente». Galicia, la clave En el entorno de Zapatero se pide calma («la derecha tiene que saber que el partido se juega en dos tiempos y puede desinflarse en el primero», declara un secretario de Estado). Mientras, para el responsable de Organización del PSOE, José Blanco, que no esconde su preocupación ante la ofensiva popular, las cosas se están reconduciendo y en Galicia la victoria de Pérez Touriño , en la que cree firmemente, se convertirá en un factor de estabilidad para España. «Un presidente socialista en una autonomía histórica de la importancia de Galicia contrapesará otras realidades». En la conversación, Blanco defiende los Presupuestos del Estado de 2005 como los mejores de la historia para Galicia y reta a echar cuentas a quien sostenga lo contrario. Sus otras cuentas, las de las encuestas, asegura que también le salen y pronostica que el Bloque se mantendrá y que viviremos un retroceso importante del PP con el ascenso consiguiente de los socialistas. En consecuencia, Galicia, Euskadi y, antes, el referéndum del 20 de febrero para aprobar la Constitución europea, son, por lo menos, las citas electorales del año que va a comenzar. Siendo las tres muy importantes, la dinámica de los acontecimientos las realzan todavía más: la victoria del "No", o la del "Sí" en malas condiciones, se utilizará contra Zapatero. Una mayoría absoluta del PNV y sus aliados abriría una nueva etapa de consecuencias imprevisibles en el País Vasco. Una derrota de Fraga debilitaría extraordinariamente a Mariano Rajoy. A esos escenarios en preparación, el PP parece añadir otro por encima de todos: elecciones legislativas anticipadas en España para que los socialistas no tengan tiempo de asentarse. La crispación parece asegurada.