El 8,7% que se siente incómodo en esta España

Anxo Lugilde REDACCIÓN

ESPAÑA

Los partidos que apoyaron a Ibarretxe en el Congreso representan a 2,2 millones de votantes, controlan el 10% de las alcaldías, gobiernan en dos comunidades y tienen la llave en Madrid.

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Veintinueve de 350 diputados. 2.259.285 votos, el 8,74% de los emitidos en las generales del 14 de marzo. El debate del Plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados de esta semana también sirvió para delimitar claramente el campo nacionalista. «Independentemente doutras consideracións, se o Bloque non votaba a prol, o n, de nacionalista, perdería todo o sentido», explica un dirigente del BNG, fuerza que se alineó con Convergencia i Unió (CiU), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Partido Nacionalista Vasco (PNV), Eusko Alkartasuna (EA) y Nafarroa Bai (Nabai). Son grupos de diversa naturaleza ideológica y estratégica, unidos por la apuesta por una España plurinacional de cuatro partes: Galicia, Cataluña, País Vasco y el resto. En alza desde el 77 A pesar de los esfuerzos del pasado martes del portavoz del PNV, Josu Erkoreka, para incidir en el carácter nacionalista español del PP y del PSOE, resulta evidente que la opinión pública sólo aplica esa etiqueta al nacionalismo centrífugo, el vasco por ejemplo, mientras no lo utiliza para el centrípeto, el «españolista», que dirían en el BNG. Este nacionalismo, el de los partidos vascos, gallegos y catalanes presentes en el Congreso, ha logrado fortalecerse a lo largo de la democracia. Al comparar los votos de estas fuerzas desde las primeras elecciones tras la muerte de Franco, en 1977, sumados a los de grupos que desaparecieron de la Cámara como Herri Batasuna o el Euzkadiko Ezkerra de Juan Mari Bandrés, con los del 2004, se observa que avanzaron en casi dos puntos porcentuales en el total español y que ganaron seis escaños. La dos edades de oro La evolución no fue lineal. La reinstauración de las autonomías en España, con el ya esperado triunfo del PNV en el País Vasco y la sorprendente victoria de Jordi Pujol en Cataluña, marcó el inicio de un ciclo ascendente del nacionalismo a partir de 1982, a pesar incluso de la arrasadora marea de Felipe González. En 1986, gracias al buen negocio electoral que resultó en Cataluña la fracasada en España Operación Roca, los nacionalistas tocaron techo con sus 31 escaños, uno más si se suma al obtenido por Coalición Galega en Ourense. Pero en un sistema parlamentario, los partidos pequeños importan por su capacidad de condicionar las mayorías, más que por su número. Así, pese al bajón en escaños, la primera edad de oro llegó en 1993, cuando el PSOE de González tuvo que recurrir a CiU, partido que en el 96 apoyó, conjuntamente con el PNV, a Aznar. La salida de la arena electoral española de la antigua Herri Batasuna en el 2000, por decisión propia, antes de la ilegalización, redujo el caudal de votos de los nacionalistas. Sin embargo, la etapa final de Aznar, coincidente con el espectacular crecimiento de ERC, impulsó un reflujo electoral y la recuperación del papel de bisagras, sobre todo a través del partido que lidera Carod Rovira. Un federalista en la Generalitat El declive de CiU y el alza de ERC propició en el 2003 un cambio histórico, con un presidente de la Generalitat, el socialista Maragall, federalista, pero no nacionalista. Pero, Esquerra, puntal del Gobierno, da continuidad a la presencia catalanista, mientras en el País Vasco el PNV afronta en abril una prueba que parece menos dura que la del 2001 para mantener su ininterrumpido gobierno. En Galicia, el último ciclo electoral significó para el BNG la pérdida de la condición de cabeza de la alternativa al PP que había conquistado en 1997. En el ámbito local, estos partidos sólo tienen la alcaldía de tres capitales de provincia: Pontevedra (BNG), Bilbao (PNV) y Tarragona (CiU). Pese al retroceso en las grandes ciudades, presiden el 10,5% de los ayuntamientos españoles y forman parte del gobierno en varias urbes emblemáticas, como ocurre en Barcelona con Esquerra o el BNG en Santiago,