Y Aznar se hizo entre nosotros

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

04 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La multitudinaria manifestación que recorrió ayer tarde las calles de Madrid sirvió como escenario privilegiado para la resurrección del ex presidente Aznar entre las masas. Vaya por delante que el ex presidente está en su derecho a salir de casa para lo que desee y no sólo para firmar libros o viajar a EE.UU. Pero sentado eso, parece evidente que su asistencia a la manifestación de ayer -convenientemente coreada en los medios y con un artículo suyo a modo de moción de censura a Zapatero - cabe leerse con más profundidad que la referida a su condición de víctima del terrorismo. Fue en 1995 cuando ETA intentó asesinar a Aznar y la entereza con la que salió herido del coche cautivó al país. De un tiempo a esta parte subrayamos la presencia creciente de Aznar en la política española, bien directamente, bien por sus obras -libros y vídeo de la FAES- o a través de sus profetas en la Tierra, Acebes y Zaplana . Aznar dijo que se iba pero lo cierto es que está volviendo. Y vuelve respirando por la herida del 14-M, el día en que tuvo la sensación de que lo echaban. Desde entonces está regresando. Y ayer tarde se apareció en Madrid, con una puesta en escena muy cuidada, en segundo plano y con su familia, en un escenario, digno de todo respeto, que debe su dimensión multitudinaria a la suma de tres factores: la indignación lógica de las gentes por el peso de cuarenta años de terrorismo; la acción del Partido Popular que con su poderosa organización se volcó desde toda España en el primer acto masivo de censura al Gobierno y, desde luego, también por la torpeza exhibida desde Moncloa y el Congreso para afrontar un asunto tan delicado. Claro que habrá que hablar con ETA en algún momento, duela lo que duela y especialmente a las víctimas. Todos los gobiernos de la democracia lo han intentado. El de Suárez , a través de su ministro Rosón , incluso consiguió debilitar mediante ese diálogo a ETA y retirar del terrorismo a su sector poli-mili. El comisario Joaquín Domingo Martorell , que ha asistido a doscientos entierros de víctimas del terrorismo todavía recuerda con emoción aquella histórica negociación en París. «Cuando terminamos y firmamos el documento por el cual entregaban las armas y volvían a casa -explica a La Voz- se nos ocurrió ir a celebrarlo todos juntos, Ballesteros y yo, con la cúpula de la organización y el abogado Bandrés que actuó como mediador, al mismísimo Café de la Paix. No había otro lugar con un nombre más simbólico». González tuvo menos suerte que Suárez y cosechó un fracaso en las conversaciones de Argel aunque se trataba de los más duros, de ETA Militar. Y Aznar no solo lo intentó sino que justificó su decisión, aunque ahora lo haya olvidado, con los encuentros de Burgos y de Suiza. Nótese, por cierto, que en aquel momento la AVT no se manifestó. Y Zapatero deberá intentarlo también cuando las condiciones lo permitan. Pero sin la exhibición y acaso la ingenuidad mostrada hasta el momento por él mismo, más que por sus ministros, y por los parlamentarios de todos los grupos, menos el PP, que apoyaron su moción en las Cortes. Y digamos de paso que si existiera el Premio Nacional de Habilidad a Gregorio Peces Barba no se lo darían. De momento la relación con la AVT la han conducido torpemente por más que su presidente, Alcaraz , juegue a lo que sabemos. Pero lo cierto es que ayer hubo una gran manifestación en Madrid, irreprochable en sus planteamientos porque ejercen un derecho constitucional y moderada en sus formas, que no estuvo allí el Gobierno ni ningún partido excepto el PP y que ni siquiera estuvieron todas las víctimas porque hay algunas asociaciones que no compartieron la convocatoria y hasta algunas familias se dividieron. Como la del político socialista Fernando Buesa , el hombre que apoyó al PP para arrebatar Álava a los nacionalistas y ETA le castigó quitándole la vida a él y al ertzaina que le acompañaba. Su hermano Mikel estaba ayer en Madrid. Su viuda Nati se quedó en casa porque entiende que algún día, cuando dejen las armas, se tendrá que dialogar. No se tiene la sensación, una vez concluida la manifestación, de que el final del terrorismo esté más cerca, ni siquiera la unidad contra el mismo reforzada. Si acaso, la aportación al propio Gobierno es bajarle algunos humos en exhibicionismo y demostrarle como el PP ha aprovechado la circunstancia para censurarlo en la calle tal y como recomendaba hace unos días Jaime Mayor Oreja : «El PP debe solemnizar su soledad frente al resto de fuerzas políticas». Eso no le conviene al PP ni a medio plazo pero es exactamente lo que sucedió ayer. Y sobre esa pista aterrizó Aznar para lo que sea menester. Todos los escenarios, sin excepción, quedan abiertos. Con la vista en Galicia Nadie se atrevía a afirmar anoche si esa manifestación tendrá alguna influencia en el empate técnico que parece existir en el electorado gallego sobre si conceder la quinta mayoría absoluta a Fraga . Lo que sí se aventura en Madrid es que el PP gallego vivirá un período muy agitado después del 19 de junio para elegir al sucesor, pase lo que pase en las urnas. Llegan ecos de alta tensión entre los sectores que se consideran marginados de la campaña, que son más de los que se presumía. Por ejemplo, a la ex ministra Ana Pastor no le dan la palabra en los mítines cuando no sobran mujeres con trayectoria política acreditada. Ella fue una buena ministra de Sanidad que tuvo que arreglar los desperfectos causados por su antecesora Celia Villalobos . Y sorprende aún más el veto cuando ella se confiesa marianista, además en varios sentidos. Y qué decir del sector más rural. Para ganarse una foto con Fraga , Baltar tuvo que coger el trombón y en la publicidad de los setenta y cinco candidatos con Fraga al frente se puede jugar al ¿Dónde está Wally? , en versión ¿Dónde está Cuiñ a? Está, pero lleva su tiempo encontrarlo. Entretanto, Zapatero explica que se quejó personalmente a Touriño a la salida de Ourense al ver demasiada gente en la calle que se había quedado fuera de su mítin. Baltar debió entender que eran demasiados porque le ha puesto «objetivos de voto mínimo» a los alcaldes, como si fueran comerciales de zona. Se barruntan despidos.