Crónica política
15 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«O somos capaces de pactar una salida para el Estatut antes de Navidad o el escenario que se nos puede venir encima es el de un Gobierno del PP en Madrid, y otro nacionalista, de Convergencia y Esquerra, en Barcelona», sentencia un conseller socialista de la Generalitat, que prefiere quedar en el anonimato, en conversación con La Voz. Así de fuerte es la partida que se juega ahora mismo. Rajoy también percibe esa trascendencia y por eso juega fuerte y pide «un referéndum de toda España, porque el Estatuto catalán es una reforma constitucional en toda regla». De lo que piensa Zapatero no hay noticia, salvo su insistencia en que el proyecto catalán de Estatut respetará la Constitución. Ni el abucheo de Salamanca, que era el tercero en una semana, le hizo perder la sonrisa. Nunca se supo menos de las tribulaciones de un presidente, que hasta ahora ha gozado de una suerte descomunal. Parte de su suerte es contar con un número dos, José Blanco , que no se sabe lo que le puede decir en privado, pero que en público defiende su posición sin fisuras ni matices. Más inquietos están los barones socialistas del sur - Ibarra , Chaves , Barreda y antes Bono -, casi condenados a ganar por mayoría absoluta y que temen que el desgaste del Estatut los prive de esos tres o cuatro puntos decisivos. Ha sido otra semana de desembarco catalán en Madrid. Los políticos aceptan cualquier entrevista, coloquio privado o público, y hasta cenas particulares, para tranquilizar ánimos. «Encontraremos una buena solución antes que devolver el Estatut al Parlament, porque eso sería una derrota de Cataluña y del propio Zapatero», declaraba ante periodistas parlamentarios Joan Saura , líder de Iniciativa per Catalunya, al que se tiene por el más sensato de los integrantes del tripartito. El entorno de Maragall , entretanto, difunde por Madrid una teoría, hasta ahora desconocida, para explicar cómo protagonistas de la Transición y gentes progresistas se oponen al texto enviado desde Cataluña. «Personas como Felipe González , Guerra , o Juan Luis Cebrián , entre otros muchos, y el propio rey Juan Carlos , si se apura, sienten con este Estatuto como si se les enmendara su brillante trabajo durante la Transición», se explica. «Hay algo de conflicto generacional en lo que estamos viendo», sostiene uno de esos políticos catalanes que predican paz en Madrid estos días. Otra posibilidad -se les rebate- es que a los citados y tantos otros discrepantes simplemente les parezca que la propuesta no es buena para la cohesión de España. «También puede ser», admite resignado el conseller interlocutor, que insiste en que no se dé su nombre. Hay algo de cierto en el argumento y es que el Rey está seriamente preocupado por lo que sucede y se ha interpretado, por la imágenes de televisión, que saludó con frialdad a Zapatero en Salamanca. Y hasta el peluquero de Felipe González sabe que éste echa pestes del actual proyecto de Estatut. Un cliente de ese mismo establecimiento, empresario de origen extranjero para más señas, asegura a La Voz que presenció un auténtico mitin de peluquería del ex presidente a propósito del proyecto catalán. Y cada vez hay más datos sobre conversaciones cruzadas entre dirigentes socialistas y populares, tal como avanzó Rajoy. «Frente a eso yo podría decir, pero no digo -sostiene José Blanco en conversación con este periodista- cuántos miembros del PP se acercan a nosotros preocupados por el débil liderazgo de Mariano Rajoy». No hay por qué dudar de la palabra de Blanco, pero eso no desmiente que lo primero sea cierto. Josep Piqué da más datos: «Hubo conversación al menos con Alfonso Guerra y está preocupado por la inclusión del término nación en el Estatuto y, además, ha habido mociones conjuntas del PSOE y del PP en los parlamentos de Extremadura y Castilla- La Mancha y eso no sale sin conversaciones previas». El ex ministro Piqué ha ido más lejos en su interpretación de la posición del presidente: «Tengo la convicción íntima de que Zapatero comparte con los nacionalistas catalanes que la Transición no fue buena y que hemos vivido un período de baja calidad democrática, producto de la necesidad de pactar con los que ellos consideran que son los herederos del franquismo». Preguntado Piqué por este periodista si esa es una interpretación personal o de partido, limita a él mismo la responsabilidad, pero añade: «Creo que Zapatero considera que las instituciones democráticas españolas, para estar definitivamente consolidadas, deben recuperar una cierta memoria histórica que enlaza con la legitimidad del bando republicano y, por lo tanto, que debe pactar con los nacionalistas una nueva forma de entender España». Ciertamente si en el PP dieran paso a Piqué como voz cantante en vez de a los clásicos Acebes y Zaplana , de roncas melodías, los socialistas pasarían más apuros. Aunque a Zapatero, optimista nato, siempre le quedará Blanco, capaz de declarar a este periódico en medio de la tormenta: «El Estatut saldrá adelante porque las fuerzas políticas catalanas sabrán estar a la altura de los tiempos y querrán dialogar y acordar para hacer posible que lo que aprobó el Parlamento de Cataluña sea compatible con el interés de España». A lo dicho, se persigue un imprescindible pacto del Estatut en Madrid en el que ya se trabaja intensamente. Pretende diluir los quince puntos de posible inconstitucionalidad del texto presentado y se quiere alcanzar antes de Navidad. O pacto, o crisis de serias consecuencias.