Síntomas de frenado en el PP

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Aparecen por fin signos de moderación en la deriva ultraderechista que algunos dirigentes populares querían imprimir a su partido. Esta semana ha sido pródiga en gestos de contención, alguno realmente inesperado como el apoyo a la Ley de Dependencia en el Congreso, o la felicitación del ex ministro de Exteriores Josep Piqué a Moratinos por el acuerdo sobre Gibraltar. En otro momento de la película, por un gesto así, hubiera salido Acebes -como otras veces- a regañar públicamente a Piqué sin consideración alguna. Pero hay más: el candidato popular a la Generalitat lleva como número dos a una prestigiosa profesora de Derecho Constitucional, Montserrat Nebrera , asesora del PP en la ponencia del Estatuto catalán, que no da puntada sin hilo. La jurista cree que «el estigma del PP en Cataluña lo produce gente de Madrid con su discurso no especialmente suave, incluida alguna estridencia». Sostiene Nebrera que «los ciudadanos deben ayudar al PP a normalizar el discurso, porque sólo así el discurso de otras fuerzas políticas no se concentrará en recordar ciertas formas poco afortunadas de algunos dirigentes que no están aquí», en alusión a la calle Génova. Tampoco nadie ha desautorizado al nuevo fichaje. Al mismo tiempo, era la ex ministra y diputada gallega Ana Pastor , en las horas previas a la Conferencia del PP sobre Inmigración, quien ofrecía un discurso firme pero moderado, bien distinto al que se venía escuchando en su partido, en una entrevista radiofónica nada fácil. En ese sentido, el anuncio de la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega de reuniones inmediatas para consensuar una reforma moderada de la Ley de Extranjería, se ha interpretado como una contraprogramación a la reunión del Partido Popular dado que se producía tapando informativamente, al menos el sábado, el cónclave popular. Hay quien atribuye esta demostración poco habitual de contención a la proximidad de las elecciones catalanas, pero esa parece explicación insuficiente. Más bien ha sido la desactivación de la «conspiración» etarra-islámica-policial en el 11-M por parte del eficaz juez Baltasar Garzón la que marcó el tope en la dirección del PP. Los dirigentes populares debían darse cuenta de la pérdida de credibilidad que sufrían entre amplios sectores de opinión. En ese sentido, el consejero delegado de una gran empresa de servicios comentaba a La Voz: «Entiendo que haya un par de periodistas alocados que quieran manejar el país, pero que les hagan caso sin rechistar algunos políticos que tenía por serios, es decepcionante». «La fiesta del ácido bórico» Desmontar la conspiración le ha valido a Garzón el rechazo del ala conservadora de la judicatura. El propio ministro de Justicia, López Aguilar , ha denunciado la falta de amparo del Consejo del Poder Judicial que reclamaba el juez Garzón ante los graves ataques de medios de comunicación a los que se les cortó la «fiesta del ácido bórico» al imputar a los tres peritos policiales por falsificación de documento público. El Consejo del Poder Judicial es, según Bonifacio de la Cuadra , «la institución que peor juego democrático ha dado de entre las creadas por la Constitución de 1978». Politizado en exceso, varios de sus vocales se comportan como radicales militantes del partido que los propuso. Véase si no al vocal José Luis Requero , que propuso abrir diligencias informativas a Garzón por su actitud en los interrogatorios a los peritos judiciales, recordando al PSOE que «algunos miembros de su grupo parlamentario fueron a la cárcel por terrorismo de Estado». Como después se ha demostrado por el acta de la secretaria judicial y el testimonio de los fiscales, no fue Garzón sino uno de los peritos, Escribano , quien perdió las formas en el interrogatorio. Pero el vocal del Poder Judicial disparó contra el juez sin ni siquiera informarse. En la misma lógica de dependencia del poder político entra la actuación de la jueza que tomó declaración a los tres peritos judiciales el viernes pasado, y que denegó a la fiscala el acceso a las declaraciones previas de los mismos peritos ante Garzón. La jueza, Gemma Gallego , no es vocal del Poder Judicial, pero quiere serlo y está propuesta por el PP para su inminente renovación. Si después de haber admitido los peritos que falsificaron un documento público ahora no les sanciona por ello, quedará abierta la veda para que cualquier funcionario pueda impunemente falsificar documentos públicos sin riesgo de asumir responsabilidades. Entretanto, Aznar sigue con su cruzada ante el mundo musulmán para que pida perdón a España por su invasión en la Edad Media. Alguien tendría que decirle al ex presidente que deje de «marcar» a España como país ofendido ante el mundo árabe. Su foto en las Azores firmando la declaración de guerra contra Irak sin cobertura de Naciones Unidas puede estar relacionada con el origen del terrible atentado del 11-M en Madrid. Mejor no insistir. Mientras el buen sentido de los ciudadanos valencianos censura las fiestas de moros y cristianos para no ofender al islam, Aznar se empeña en una cruzada particular que no puede traer nada bueno. Cierto que lo de Valencia es autocensura, pero la sensibilidad y el contexto es distinto: en algunas fiestas ya no se explotará la cabeza del profeta Mahoma y pronto s an Jorge en Alcoy se dedicará a matar al dragón y no a los moros, como hasta ahora.