Hay en la vida momentos mágicos, y éste lo fue: Roberto Verino me esperaba en la ladera, entre sus vides, en pie y silueteado contra el cielo grisáceo y luminosos. Entre el firmamento y nos, el legendario castillo de Monterrei. Abajo, la dilatada vista del valle. Acababa de «aparecerse la Virgen» en el horizonte y los rayos fulgentes de su paso permanecían en haces oblicuos cuando penetramos en la bodega del famosos diseñador de moda y agricultor entregado, tres cubos blancos y varias casitas auxiliares y corrales porque, Verino dixit, «producimos nuestros propios huevos, ya que en el agro gallego está mal visto no tenerlos...» Comprensible. La parte superior de los cubos es ya una lección visual de vitivinicultura moderna, y en las zonas inferiores aguarda la bodega con sus depósitos de acero inoxidable y sus barricas de madera. El anfitrión nos va desgranando sus proyectos, nos hace catar algunos caldos experimentales y al final trae un vino para mí ignoto, el Carballo Terra do Gargalo 2004, D.O. Monterrei, hecho con variedades arauxa, mencía y bastardo. Obtener un mencía de cepas centenarias es otro de sus proyectos más ambiciosos. Inf. 988 590 203.