Concordia para un mapa nuevo

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

16 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Este domingo, España ha amanecido con un mapa municipal bien distinto. El balcón de Génova, inspirado en el repaso electoral que el PP le propinó al PSOE en Madrid, queda sólo como un oportuno flash mediático que Rajoy aprovechó bien. Pero sólo media España lleva puesta la camiseta del PP. El resultado real es que socialistas y populares casi empatan a alcaldías de capitales de provincia porque Las Palmas, Vitoria, León, Toledo, Tarragona, Palma de Mallorca, Jaén, Zamora, Cáceres y Soria cambian de manos. Y sólo Guadalajara en sentido inverso. Después quedan las diputaciones y los cabildos, que tanto poder acumulan, y los Gobiernos regionales. Y ahí el PSOE recuperará espacios: le arrebatará al PP Baleares y Navarra y, por, aplicación de la misma medicina de pactos entre segundos y terceros, perderá Canarias. Quien no tenga síndrome de Estocolmo de unos o de otros coincidirá en que estamos ante un monumental empate técnico que nada garantiza para marzo. Rajoy y Zapatero se la juegan por escaso margen. Todo indica que haría mal el PSOE en creerse su propio éxito en la recuperación de bastiones populares. Sin la ayuda de terceros -Izquierda Unida, nacionalistas o regionalistas- su progreso hubiera sido mucho más limitado. Y en algunos casos, Dios, acaso enfurecido con la Cope de los obispos por la inobservancia de las virtudes teologales, le echó una mano en el último momento y le salvó joyas como la alcaldía de Sevilla. No es para que unos ni otros echen las campanas al vuelo. Y si se leen los resultados en clave de participación, el fracaso es común y muy serio, especialmente en Cataluña, donde la abstención ha sido histórica y ya se está diseñando una ley electoral catalana para que se vote no sólo un día, sino una semana entera. Así de desesperados -y de humillados- están. Han sido tres días muy intensos de junio el 14, el 15 y el 16. El último por la constitución de ayuntamientos, donde no faltó emoción, tensión, suspense a veces y hasta alguna sorpresa. El 15, porque se cumplían treinta años de la primera vez que la mayor parte de españoles votamos por primera vez. Salvo los que ya eran mayores de edad en 1934 y descontadas la votaciones de la denominada democracia orgánica del régimen anterior, todo el mundo se estrenó en libertad el 15 de junio de 1977. Consta que muchísimas personas recordaron el aniversario con ilusión, nostalgia y, acaso algunos, con desencanto. Pero el 14 por la noche en las Cortes se vivió una gran fiesta. Estaban invitados los diputados y senadores constituyentes, el Gobierno, las mesas actuales de Congreso y Senado, los portavoces y numerosas personalidades, bajo la presidencia de los Reyes y el Príncipe. En la tribuna de autoridades estaban altos mandos militares, de la judicatura y los presidentes de Aragón, Cataluña, Galicia, Murcia, Castilla- La Mancha, y el alcalde de Madrid. La propia tribuna de prensa advertía de la solemnidad de la celebración: viejos rockeros como Pepe Oneto , Miguel Ángel Aguilar , Jorge del Corral , Luis Fernández , Miguel Ángel Gozalo , Amalia Sánchez Sampedro , Manuel Soriano , etc. Casi todos estaban allí el día que se aprobó la Constitución y cuando entró Tejero . No podían faltar en ese aniversario. Pero esa reflexión no la hicieron ni Felipe González , ni Aznar alegando que estaban en el extranjero, como si dar la vuelta al mundo todavía fuera una aventura como la de Julio Verne. «No fui, simplemente», ha dicho González. Aznar hacía negocios en Londres. «No vinieron por no saludarse», coincidían algunos diputados. Estuvieron Calvo Sotelo , Carrillo , Fraga y hasta Gabriel Cisneros , que entró en el hemiciclo en silla de ruedas. Adolfo Suárez quedó en casa, porque no podía ser de otro modo, pero quizá hasta le llegó el aplauso atronador con que se reconoció su tarea en la transición. «Es el mejor discurso del Rey que jamás le escuchamos», se coincidió en la tribuna de prensa. «Y el mejor leído», se apostillaba. La Zarzuela había filtrado antes que el discurso era obra personal del monarca y no, como es habitual, del Gobierno. La Reina, como prueban las fotografías, lo premió durante el aplauso con una mirada emocionada. El Príncipe no dejó de mirarlo mientras lo leía, acaso comprendiendo en diez minutos la grandeza de la tarea de su padre al traer la democracia. Vídeo «made in TVE» Por delante hubo un buen discurso de Manuel Marín y un vídeo made in TVE que incluía expresiones como «al morir el dictador Franco» y otras de ese calibre. No se descolgó ninguna lámpara, pero pudo haber sucedido porque así, con todas las letras, en el Congreso, ante el Rey y altos mandos militares allí presentes, no se había escuchado antes. Especialmente comentado fue el pasaje del vídeo en el que se aludía al «búnker franquista» y a «las fuerzas reaccionarias» mientras aparecían en imagen viejos procuradores falangistas y algunos obispos con representación parlamentaria durante el régimen. El Rey pidió concordia entre los ciudadanos, pero se entendía que sobre todo entre los políticos, y unidad frente al terrorismo. Planteó que treinta años de democracia son la mejor prueba de que la violencia no conseguirá jamás sus propósitos. Y dijo solemnemente algo tan sencillo y cierto como que «tenemos un gran país». Será cuestión de que no lo estropeemos.