MADRID | Los socialistas despiden el curso político con una cierta sensación de euforia, que se vio reforzada ayer por la encuesta del CIS. Consideran que los malos momentos -la ruptura del proceso de paz y la derrota en las elecciones municipales- están ya definitivamente superados y su tendencia al alza se mantendrá hasta las generales. Al contrario de lo que algunos analistas preveían, el fracaso del final dialogado de ETA no ha perjudicado al Gobierno, sino que incluso lo ha beneficiado. De Juana Chaos (uno de los factores que más perjudicó al PSOE el 27-M) y Otegi han desaparecido del mapa y han sido sustituidos en los titulares por las detenciones de importantes etarras. Lo que en el ámbito electoral -como se demostró con Aznar- se traduce en votos.
También se ha evaporado del horizonte el Estatut y, en general, la cuestión autonómica, lo que favorece a los socialistas. El punto de inflexión, sin embargo, de la remontada socialista fue el debate sobre el estado de la nación, en el que Zapatero venció a un Rajoy que ese día no dio la talla, encerrado con el único argumento de ETA y las actas. El conejo que el presidente se sacó de la chistera, el cheque bebé de 2.500 euros, y, por encima de todo, la boyante situación económica, con el paro en su nivel histórico mínimo, juegan asimismo a favor del PSOE.
Todo esto ha hecho que vuelva a especularse con un adelanto electoral para aprovechar esta racha, dado que Rajoy y el PP aparecen por primera vez en la legislatura a la defensiva. Otro motivo sería evitar una posible sentencia del Constitucional que recortara sustancialmente el Estatut. Hay, sin embargo, razones en contra: Zapatero lo ha desmentido varias veces y acaba de nombrar ministros.
El escándalo del apagón
Con todo, el panorama no es tan idílico para los socialistas. El escándalo del apagón en Barcelona demuestra que en cualquier momento puede surgir una crisis que en una comunidad tan decisiva en las generales como Cataluña puede ser devastadora. Además, se van sin que haya gobierno en Navarra, una cuestión que divide al partido, ya que muchos estiman con razón que un pacto con Nafarroa Bai tendría consecuencias en las urnas. Por último, está la amenaza siempre presente de un atentado etarra, que en las actuales circunstanciales políticas tendría un coste electoral.