Los aparatos de los dos principales partidos preparan las generales.
20 ago 2007 . Actualizado a las 11:29 h.No pregunten mañana lunes en Galicia por Pepe Blanco, ni en Marbella por Javier Arenas. Los encontrarán ya en la sala de máquinas de los poderosos aparatos electorales preparando los comicios generales y los andaluces del 9 de marzo. Si los seísmos de las bolsas, o cualquier otro terremoto económico, no justifican un adelanto, esa es la fecha determinada por Zapatero para ser reelegido. O para acabar su ciclo, nunca se sabe.
Los empates técnicos tienen esa emoción: PSOE y PP no se despegan, aunque en las últimas semanas parece tomar un poco más de aire Zapatero impulsado por el debate del estado de la nación, por unos cambios gubernamentales acertados pero cortos -se quedaron Magdalena Álvarez y Joan Clos en el tintero- y por el silencio de Mariano Rajoy. «No habla desde el último debate en las Cortes», apunta Blanco. Otros cuentan que varios dirigentes populares se reunieron de improviso en Madrid para estudiar un desembarco in extremis de Rodrigo Rato como cabeza de lista. Pero la operación tiene demasiados riesgos y no hay tiempo para cambiar.
«Rodrigo, nada más llegar a España llamó al presidente Zapatero por teléfono para decirle que volvía por asuntos familiares y de empresa, no por política, aunque siga siendo del PP», señala una fuente gubernamental de toda solvencia. Aun así, alguna palabrita suya sería de agradecer, sobre todo para cortar las especulaciones que en nada benefician la vida interna del Partido Popular. «Un desembarco de Rodrigo sería muy complicado y no sólo por el escaso tiempo: los aznaristas no lo verían bien y mucha gente que ha apostado por el liderazgo de Mariano, tampoco, por lo que sería un factor de división más que un beneficio», comentan desde el cinturón de Rajoy.
No hay tiempo, además, porque Rato ni está aquí, ni se le espera en las próximas semanas. Todavía le queda en Washington la Asamblea del Fondo Monetario Internacional, que, con lo que está sucediendo en los mercados y en la economía americana, tiene especial interés y exige toda la concentración posible. «España también se juega mucho en esa reunión y es una pena que Rato acuda a ella como un pato cojo, de salida, sin capacidad de influencia», señala a este periódico uno de los personajes de mayor relevancia en el mundo financiero español. La retirada imprevista de Rodrigo Rato de tan alta posición no hizo felices a los rectores de la economía. Se ve venir que si la filigrana de saltar a la política de inmediato se consumara, por ahí le llegaría a Rato un frente de ataque no despreciable, porque sintonizaría con cierto malestar por su decisión en el mundo económico, que al fin y al cabo es el suyo.
Entretanto, Zapatero apuraba vacaciones en Andalucía, que es vital, como Cataluña y Madrid, para sus aspiraciones de reelección. Siempre es así. Veraneó en Galicia poco antes de que Touriño llegara a la Xunta, en Canarias el año pasado sembrando para que López Aguilar recogiera la cosecha, y ahora en Andalucía para consolidar a Chaves. Así, de veraneo en veraneo, contribuyó Aznar a fortificar Valencia como feudo popular cuando venía de mayorías socialistas.
Treinta semanas y a las urnas, pero en ese escaso tiempo pueden pasar muchas cosas. Septiembre es temido en el Gobierno por las desgracias acumuladas que le pueden caer en Cataluña, que se las ha llevado todas, excepto el epicentro del terremoto del domingo pasado, que recayó en La Mancha. Menos mal que el número dos de Fomento, Víctor Morlán, oscense perseverante y discreto, se ha instalado a vivir en Barcelona hasta Navidades para dirigir personalmente los trabajos de su ministerio. Mejor que Magdalena Álvarez no se prodigue por allí.
Los socialistas navarros, mientras, se van serenando. Miguel Sanz toma alguna distancia del PP y se va conociendo el lado desconocido del fiasco. Como aquella declaración de Fernando Puras, el candidato socialista que tan mal condujo las negociaciones, a Pepe Blanco, hace sólo un año: «Pedirme lo que queráis, menos que pacte con los nacionalistas de Nafarroa Bai». Si no lo sujetan, se los come a besos.