El PSOE trata de recuperar el centro aparcando medidas de izquierda y el PP quiere desmarcarse de la crispación. También los nacionalistas andan inquietos
09 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Los presidentes Sarkozy y Zapatero han enviado desde Lisboa un mensaje claro al mundo etarra: cualquier aspiración a mantener en Francia un santuario parece descabellada. Francia quiere, de acuerdo con España, una limpieza total de terroristas. Para eso hay mucho trabajo pendiente, ante todo, la detención del tercer etarra de Capbreton, que Joan Mesquida, máximo responsable policial español, considera de gran relieve. «Pero la etarra detenida era muy importante», añade.
La semana ha sido triste por el asesinato de los dos jóvenes guardias, dolor solo aliviado por la detención de los dos etarras ejecutores. Y triste también porque la manifestación de la calle Alcalá de Madrid fue un pinchazo, aunque más importante resultó ver a socialistas y populares aparentemente juntos, o al menos cerca. La legislatura que está a punto de terminar, según dijo Manuel Marín el Día de la Constitución, «se recordará como la más dura y la más ruda». La perspectiva inmediata no es nada fácil, ni en la política, ni en la economía.
En la política, elecciones a cara de perro y miedo extendido a perderlas. Perderlas para el PSOE y el PP es no gobernar. Para IU y algunos nacionalistas, perderlas es no obtener representación apenas. Hay miedo a las urnas porque con Aznar como un polo del arco voltaico, los nacionalistas vivían mejor. «Nunca hubo más nacionalistas en el Congreso que ahora, después de una legislatura de mayoría absoluta de Aznar», reitera José Blanco. Para CiU, bajar el 9-M sería acentuar su radicalización, que ya alcanza al mismísimo Jordi Pujol.
En la economía, siguen los precios desbocados disparando la inflación y la construcción frenando, aunque la OCDE, que rebaja estimaciones de crecimiento, cree que en España el impacto será menor del que se teme. «Llevo diez años en una caja de ahorros y es la primera semana en la que no he firmado ni una hipoteca», afirmaba hace unos días un director de una sucursal en Madrid.
Entretanto, Rato ha despejado la incógnita de su destino: cambiara la política por un refugio de oro. «Se va porque en estos meses no lo llamó nadie», ha sugerido algún comentarista que acusa a Rajoy de «tenderle un puente de plata con su silencio». No es cierto. El propio Rato comunicó desde el principio con ZP: «Dejo Washington, pero que sepas que no vuelvo a la política». Y lo ha cumplido. Otra cosa es que quizá soñó con un clamor reclamando su vuelta al ruedo o que, cuando saltó la noticia de su fichaje por un banco americano, todavía andaban algunos del PP catalán contando que igual encabezaba las listas por Barcelona, lo que generó algunas expectativas.
Radicalización de la AVT
Con esas incógnitas despejadas y con las elecciones encima, los grandes partidos frenan. El PSOE trata de recuperar el centro aparcando medidas de izquierda y anunciando la desaparición del impuesto de Patrimonio. El PP envía el mensaje de exención para los mileuristas y quiere frenar la crispación, pero no es fácil. Han fomentado el activismo y la radicalización de la AVT y ahora no pueden controlarla. El jueves pasado ante el Congreso fue penoso y rancio. De haberse retransmitido el espectáculo de insultos y gritos, sin más comentarios, el voto de izquierda se hubiera disparado. «!Republicanito!», «Carrillo asesino», le gritaban a Llamazares. A Esperanza Aguirre la jaleaban soezmente. A Montilla y a varios socialistas, otras lindezas. En el PP incluso se conoce a ese grupo como los «federicos», porque ya no atienden a más consignas que las de la Iglesia radiofónica.
«Son pocos y además los mismos», comentaba ZP el jueves en el interior del Congreso. «Como van a todos los sitios que voy, ya los conozco. Aquella señora, aquel señor?». Un colaborador suyo apunta: «Está ahí fuera la señora que insultaba a Zerolo el otro día». Edificante. Es el nuevo deporte, insulto ácido y gratuito. Un experto electoral estima que «o el PP le para los pies a Alcaraz, que ya va de líder nacional, o él solito movilizará a la izquierda, perezosa para votar, pero que le indigna ver como se degrada la convivencia». Es lo malo de estas cosas: pasarse de frenada.