Cobro de impuesto revolucionario, derecho de pernada, extorsión a inmigrantes y a camellos... La lista de delitos del grupo policial corrupto de Coslada no acaba nunca
11 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La sombra de Ginés es alargada. Desde el jueves, él y su banda de policías locales están entre rejas, pero su presencia se deja sentir en una Coslada que todavía no se cree que su mayor pesadilla haya desaparecido de la noche a la mañana después de 22 años de coacciones. Solo citar el nombre de Ginés Jiménez Buendía en los locales de las calles Chile o Uruguay, el centro neurálgico de la zona de copas, provoca escalofríos entre los parroquianos.
Arrancar unas palabras a las víctimas del capo es tarea ardua. El miedo y la ley del silencio imperan, aunque todos los vecinos, y sobre todo los dueños de los locales, saben quién es y lo que hacía. «En los últimos cinco años yo le he pagado más de 20.000 euros. Cada visita de él o de sus chicos eran 2.000 euros en metálico, más horas y horas de consumiciones y vejaciones a mí, mi familia, mis camareros y mis clientes», se lamenta J., uno de los empresarios de la noche más conocidos de Coslada, que devora en los periódicos noticias sobre la operación policial. Parece intentar convencerse de que sus malos días han acabado.
El empresario pide una y otra vez que ni su nombre ni el de sus bares aparezca en la prensa, y en más de diez minutos de conversación no cita ni una vez el nombre de Jiménez. Parece que el simple hecho de nombrarlo podría invocar su regreso.
Despertar a la bestia
«Dinero y más dinero, y no se podía hacer nada, enfrentarse a él era despertar a la bestia y buscarte la ruina. Yo intenté plantarle cara en el 2001 y casi acaba conmigo y mi negocio. Comenzó con multas arbitrarias, inspecciones sin motivo, expedientes municipales... Luego vinieron los controles en las puertas de mis locales y los cacheos a clientes. Al final, las amenazas y las palizas», rememora.
«Cuando cedí, todo volvió a la normalidad. Él y sus chicos volvieron a mis locales. Él se sentaba en la barra, pedía su Gordon's con Coca-Cola y, al final de la noche, te reclamaba lo que él llamaba su parte», concluye J.
Esa versión se repite en boca de los dueños de los bares de la avenida de Viena, de la avenida de Berlín, de la calle Venezuela o de la calle Badajoz. «¿Denunciarlo? Sí, todos nos hemos quejado al ayuntamiento, pero nadie ha tenido cojones de llevarlo a los juzgados. ¿Para qué? ¿Para que volvieran a absolverlo?», se queja el dueño de uno de los pubs más populares y estridentes del oeste de la localidad.
«Mira, un tío que lleva 22 años en el ayuntamiento y al que ninguno de los cinco equipos de gobierno se ha atrevido a quitar a pesar de conocer sus chorizadas es muy peligroso», resume enfadado el dueño del bar: «¿Quién se cree que ni el ayuntamiento, ni la comunidad, ni el Gobierno, ni la Federación de Municipios supieran lo que pasaba? En los últimos once años esto ha sido un escándalo y todos los responsables han cerrado los ojos hasta que un fiscal, un juez y un comisario le han echado huevos». «¡Qué no venga ahora Viveros diciendo que el solo había oído rumores», se queja en alusión a Ángel Viveros, alcalde socialista de Coslada.
Los vecinos coinciden en que el problema fue que Jiménez Buendía «tenía más poder que el propio alcalde». Y su oficina de recaudación, en la propia comisaría, era casi más efectiva que la del consistorio.
«Mordidas» de miles de euros
Allí han acudido muchas veces R. y su socio, que no quieren ni siquiera hacer cuentas de lo que han pagado. Aseguran que las mordidas exigidas rondaban entre 2.000 y 3.000 euros mensuales, según el bar y la clientela. El argumento era convincente: «Si no pagas en menos de un mes, te busco las cosquillas y te cierro el negocio. Soy el jefe de policía y en este pueblo hago lo que me sale de los cojones».
El grueso del dinero iba para el sheriff de Coslada, mientras que «sus esbirros se quedaban con las migajas y con los 300 euros que recaudaban de vez en cuando como contribución a una revista policial que nunca existió», relata un quiosquero del centro de la ciudad, que tampoco se libró de las extorsiones. «Venían de paisano y se presentaban para que no hubiera dudas: somos policías locales y somos del Bloque». Ese es el nombre que dieron al grupo mafioso los policías corruptos que se integraron en él. De ahí tomó la Policía Judicial el nombre para su redada de esta semana.
«A los pequeños comerciantes también nos apretaban», dice un quiosquero. «Pero aún más apretaban a los rumanos, los paraban por la calle, los detenían y los amenazaban con expulsarles si no pagaban 100, 200 o 300 euros. Y claro, pagaban y no denunciaban», desvela. En Coslada hay cerca 18.000 rumanos.
Los investigadores de la policía aseguran tener pruebas de que los miembros del Bloque arrancaban a los dueños de los prostíbulos favores sexuales y orgías gratuitas con sus chicas, y que en alguna ocasión esas bacanales «terminaron en violaciones puras y duras». «Simple derecho de pernada del señor feudal de Coslada y sus guerreros», resumen los agentes. El Bloque, según estas fuentes, había ampliado el negocio: comenzaba a controlar las redes de prostitución rumanas del Corredor del Henares y cobraba a narcotraficantes de la zona.
Gente poderosa relacionada
Ahora, los supuestos cabecillas están entre rejas, pero el miedo persiste. «No son solo los 26 detenidos -afirma un empresario-, hay muchos más policías corruptos en la calle. ¿Alguien se cree que el resto no lo sabía? Hay gente muy poderosa relacionada con Ginés que sigue en libertad y esto no va a acabar con un puñado de detenidos».