El gesto del anterior líder y las alusiones de Aguirre y Mayor a San Gil muestran el malestar de la vieja guardia
21 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Acebes se despidió con una defensa a ultranza de la línea dura practicada por el PP durante los últimos cuatro años. Zaplana ni siquiera acudió a Valencia alegando que no le habían invitado. Aznar entró más de una hora y media tarde y saludó de forma gélida a Rajoy tras haber abrazado efusivamente al secretario general saliente. A Fraga ni siquiera le tendió la mano. La jornada de apertura del 16.º Congreso del PP certificó el final de una etapa, la del aznarismo, que se prolongó durante el mandato de su sucesor designado y que ahora toca a su fin.
Pero los críticos con la renovación que lidera el político gallego no se han rendido. Ni mucho menos. El estudiado comportamiento del ex presidente del Gobierno pretendía dejar claro el malestar de la vieja guardia con el giro que ha dado Rajoy.
Si Aznar habló con los gestos, Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y el mismo Acebes lo hicieron con la palabra y golpearon donde más le duele a Rajoy, sacándole a relucir a María San Gil, que dimitió como presidenta del PP vasco por desconfianza hacia el líder nacional.
En unas breves declaraciones, la presidenta madrileña consideró «lamentable» que tanto ella como Ortega Lara «se fueran del partido» y expresó su deseo de que vuelvan. «El Congreso tiene un nombre propio: María San Gil», aseguró el portavoz del PP en el Parlamento Europeo a los periodistas, que añadió que la vasca ha sido «leal al partido y a sus propias convicciones». «Nunca podremos hacer lo suficiente a ese puñado de hombres y mujeres que, con María San Gil a la cabeza, llevan años luchando contra viento y marea, contra la cobardía de unos y las amenazas de otros, para que todos y cada uno de los españoles tengamos plena libertad», aseguró Acebes en su discurso.
Y es que la jornada de ayer estuvo marcada también por la emotiva despedida del todavía secretario general del partido, que se despidió entre lágrimas y fue de largo el político más aplaudido. Aunque en ningún momento criticó a Rajoy directamente, alabó con toda la intención su «excelente trabajo» en los cuatro últimos años y le emplazó a que siga la misma política, simplemente con unos leves retoques para llegar mejor a los ciudadanos. Ninguna autocrítica por la derrota electoral.
El PP, según Acebes, hizo lo que tenía que hacer frente a los desmanes de Zapatero. Fue el defensor de las víctimas del terrorismo, el espíritu de la transición, los católicos, los castellano-hablantes, la libertad económica, el prestigio exterior de España y su cohesión interna. El PP fue un «dique contra los abusos».
El político abulense desgranó cuál es su visión de cómo debe ser su partido. En primer lugar, unido. Aquí dejó caer una crítica: «A nosotros no nos ha unido nunca ni un barón, ni una corriente, ni una sensibilidad, ni por supuesto la pertenencia a una determinada generación». Dicho esto en un momento en el que los barones han jugado un papel determinante para la continuidad de Rajoy y cuando este ha rejuvenecido el partido y jubilado a algunos veteranos. Segundo aguijón: «Yo quiero un partido basado en el mérito». Es decir, donde quepan «jóvenes y veteranos, pata negra y recién llegados». Todos deben ser reunidos en «un equipo de primera», remachó. Pero, sobre todo, defendió que el PP no pierda su identidad, sus principios, porque dijo está convencido, a diferencia de algunos, de que «menos PP no es igual a más votos». Dicho de otra forma: «A nosotros no nos votan a pesar de nuestra ideas, sino gracias a ellas». Y centrismo sí, pero no el que dicen el PSOE y, mucho menos, los nacionalistas.