Todos contra un presidente acorralado

ESPAÑA

El jefe del Ejecutivo afronta el debate sobre el estado de la nación más difícil de su mandato, con más de cuatro millones de parados y sin apoyo en el Congreso

11 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

José Luis Rodríguez Zapatero afronta mañana y pasado el debate sobre el estado de la nación más difícil de sus cinco años de mandato. Llega a la cita con una cifra sin precedentes de más de cuatro millones de parados y unas previsiones económicas de las organizaciones internacionales que dicen que España saldrá de la crisis más tarde que los países de su entorno. Acosado por una recesión a la que no se ve fin y un incontenible aumento del desempleo; acorralado por toda la oposición que lo ha dejado en una situación de absoluta soledad parlamentaria; y con un Mariano Rajoy crecido enfrente tras la victoria del PP en Galicia, el presidente del Gobierno saldrá en una posición de gran debilidad a la arena parlamentaria.

Su jugada ha sido convocar el debate antes de las elecciones europeas del próximo 7 de junio con varios objetivos: retomar la iniciativa frente a la crisis, minimizar los daños de lo que se presume una amplia derrota y soslayar la papeleta de comparecer en este formato tan importante después de un posible batacazo en las urnas. Es, además, su última arma política tras la prematura remodelación de su gabinete. Celebrar el debate ahora es malo para Zapatero; esperar habría sido aún peor.

El Gobierno ha preparado el escenario previo para que Zapatero se presente ante la oposición en las mejores condiciones posibles. El espectacular viaje del ministro de Fomento a Barcelona, saludado en Cataluña con un significativo «Bienvenido, míster Blanco», días antes del debate, tiene una clara lectura política.

De una tacada desbloqueó las relaciones entre el ministerio y la Generalitat, prácticamente rotas con Magdalena Álvarez, certificó el traspaso de Cercanías, se comprometió a financiar la gran estación del AVE de la Sagrera y anunció la próxima inauguración del aeropuerto de El Prat.

Los grupos catalanes lo tendrán más difícil para criticar a Zapatero en ese terreno. Sin embargo, el Gobierno no ha logrado cerrar el pacto sobre la financiación autonómica, lo que deja ese flanco abierto. La última oferta de cerca de 2.000 millones para este año aún no es suficiente para la Generalitat.

Las últimas cifras de paro, menos malas que las anteriores, y el barómetro del CIS, que sitúa al PSOE ligeramente por delante del PP, en contra de lo que dicen el resto de las encuestas, suponen también un pequeño balón de oxígeno.

Zapatero incidirá en que empiezan a vislumbrarse los primeros signos positivos que apuntan a una próxima recuperación y esbozará las reformas estructurales imprescindibles para cambiar el modelo productivo. Además, anunciará nuevas medidas contra el desempleo y ofrecerá ampliar la ayuda social a los parados sin subsidio, dándoles la llamada renta básica.

Rajoy cuenta con todo favor para derrotar por primera vez a su adversario en un formato que siempre favorece al presidente y no desaprovechará la ocasión. Esta vez cuenta con que las demás fuerzas políticas, especialmente el nuevo PNV en pie de guerra, no ahorrarán críticas a Zapatero. Este también se encontrará una CiU hostil. Duran i Lleida ha evocado la posibilidad de que la oposición le plantee que se someta a una moción de confianza y ha advertido de que CiU no lo apoyaría en ese caso. Por su parte, el PNV ha anunciado que denunciará su mala gestión y le advertirá que estará vigilante para que se respete el autogobierno vasco.

Todo parece dispuesto para que Rodríguez Zapatero reciba un vapuleo dialéctico. Le espera una oposición que no hará concesiones.