La imputación de Francisco Camps deja en una situación muy comprometida a Mariano Rajoy. La dirección del PP no esperaba que el juez llegara tan lejos y ahora se ve en la disyuntiva de tener que suspender de militancia a uno de sus presidentes autonómicos o hacer un agravio comparativo con él y con Ricardo Costa respecto a otros compañeros de partido.
Hasta ahora, el comité de garantías del PP ha decidido suspender cautelarmente de militancia a todos los imputados en la trama de corrupción. Por el momento, han sido suspendidos los diputados madrileños Alfonso Bosch, Alberto López Viejo y Benjamín Martín Vasco. Pero Rajoy no tiene la intención de hacer lo mismo con Camps. Ayer mismo, la dirección del PP expresó su «plena confianza y apoyo» al presidente valenciano.
La situación deja además en mal lugar a Rajoy respecto a Esperanza Aguirre, su principal enemiga en el partido. De hecho, la presidenta madrileña ha estado metiendo presión en este asunto al líder popular desde el principio. Al contrario que Rajoy, Aguirre se adelantó a destituir de sus cargos a sus colaboradores implicados, antes incluso de que fueran imputados, como en el caso del ex consejero Alberto López Viejo. Y forzó a la dirección del PP a seguir el criterio de la suspensión de militancia, ya que fueron los tres diputados madrileños los que la solicitaron, con el argumento de no comprometer al partido en su defensa.
Si Camps y Costa no actúan ahora igual que sus compañeros, Rajoy tendrá muy difícil explicar esa diferencia de trato. El presidente valenciano fue uno de los mayores apoyos de Rajoy en el último congreso del partido, celebrado precisamente en Valencia. Y ahora el líder del PP se ha significado mucho en su defensa en manifestaciones públicas, en contra incluso de las recomendaciones de algunos de sus colaboradores, que le pedían que no se implicara tanto. La situación le llega a Rajoy en el peor momento, cuando desde su partido se cuestiona su intervención en el último debate sobre el estado de la nación, en el que no consiguió imponerse con claridad a un acorralado Zapatero. Y cuando Rajoy había conseguido por fin hacerse con el control del partido frente a sus críticos con la victoria en las elecciones gallegas, el líder del PP corre ahora el peligro de unir su destino al de Camps, que podría ser condenado.
La imputación deja además al PP sin el argumento de que las acusaciones contra Camps eran una invención del juez Garzón, al que intentaron recusar.