Los británicos no acudirán el 4 de junio a las urnas con la concepción de Europa ni en su cabeza ni en su corazón, y mucho menos en su sobre electoral. De por sí más que euroescépticos euroajenos , se acercarán a las urnas con un instinto castigador, de desquite por los desmanes de sus políticos, tropelías venteadas durante las últimas semanas y que han dejado al descubierto el corazón podrido de su imperturbable democracia.
Tal como vaticinan los sondeos, los británicos van a castigar a los dos principales partidos -los laboristas de Gordon Brown y los conservadores de David Cameron-, favoreciendo a los más pequeños, como el antieuropeísta UKIP, el Verde y la ultraderechista BNP. El British National Party ha sabido modernizarse desde 1999 gracias a su líder, Nick Griffin, hasta convertirse a ojos del votante en un instrumento regulador de castigo contra los desmanes de las demás fuerzas. Su eslogan es «Castiga a los cerdos», en referencia al escándalo de los gastos.
Examen para Brown
El 63% de los ciudadanos que voten lo harán pensando en temas domésticos y solo el 22% con la vista puesta en Europa. Pero además, dependiendo del margen de voto que sume el laborismo, puede suponer el inicio del fin de Brown en el poder. Son muchos los miembros de su Gabinete y en la dirección del partido que han colocado ya cifras de porcentaje de voto que, de no alcanzarse, los llevarán a unirse a la oposición para exigir elecciones anticipadas y buscar a un nuevo líder del partido. De ahí la importancia de estos comicios, en los que Europa es solo la excusa.
Para colmo de males de los europeístas británicos, estas elecciones se hacen coincidir con las municipales en áreas de Inglaterra y Gales, con lo que las europeas desaparecen del debate político.
El factor de la crisis
Otro factor que pesará a la hora de emitir el voto es la situación de crisis económica que vive el país, profunda y sin semejanza con ninguna desde la Segunda Guerra Mundial, con 2,2 millones de parados y una reducción de un 4% del crecimiento económico. Cuando la crisis daba sus primeros coletazos, Brown vio la oportunidad de ganar espacio político entre el electorado y se lanzó a salvar al Reino Unido y de paso al mundo de los males de la recesión. Pero si bien su imagen mejoró tras el G-20 en abril, en los últimos dos meses sus escasos logros para combatir la inflación, el paro y el descenso de la producción industrial se han vuelto en su contra.
Según las últimas encuestas, el 9% votarán al partido Verde; el 10%, al UKIP (tercera fuerza más votada en las europeas del 2004); el 3%, al BNP; el 30%, a los tories, y el 24%, a los laboristas. El 55% de los británicos desearían una relación de su país con el resto de Europa únicamente comercial, lacerando todo tipo de vínculo político. Será interesante comprobar si los deseos de castigar a los políticos hacen que la afluencia a las urnas en unas europeas sea mayor que otras veces, ya que por lo general han sido objeto de la indiferencia de los británicos. En las europeas del 2004 votaron el 38,5%.