La crisis económica trasciende al diálogo social, el Ejecutivo socialista se aísla en el Parlamento y aumentan las grietas por la financiación en los Gobiernos de coalición
05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Esta crisis prolongada nos ha conducido al momento de menor cohesión social, política y económica que se recuerda. Es un «todos contra todos». Sector a sector se advierten desacuerdos profundos, desde el diálogo social al mundo socialista, del empresarial al financiero, en los Gobiernos de coalición y hasta en la casa de los espías.
El diálogo social, que parecía bien encaminado, se ha encallado de forma abrupta porque los empresarios, después de reunirse con Mariano Rajoy, plantearon el llamado «contrato del siglo XXI», eufemismo que supone la posibilidad de despedir con indemnizaciones de ocho a veinte días por año trabajado. Ocho días en los dos primeros años de trabajo.
Ni siquiera la Cepyme, la patronal de los «pequeños», sabía de ese giro brusco de la CEOE. Si Zapatero, aislado parlamentariamente, quería escapar por la vía de un gran acuerdo entre empresarios, sindicatos y Administración, hábilmente se la ha cerrado el líder de la oposición. Los críticos de Rajoy deberían tener su eficacia en mejor consideración. En el ámbito político la distancia entre Gobierno y Grupo Parlamentario Socialista es máxima; y también entre Presidencia y vicepresidencia política, aunque no se confiese, y entre las autonomías gobernadas por los socialistas y el Gobierno de Zapatero a cuenta de la financiación autonómica.
Cohesión
«No es solo producto de las dificultades de la crisis, sino también de la ausencia de personajes con capacidad de generar cohesión», asegura un ex alto cargo socialista. Y cita la salida de José Blanco y de Francisco Caamaño, ahora ministros de relevancia, pero que dejaron sin sucesores las tareas del encaje Gobierno-PSOE-Grupo Parlamentario. Y aún más: hay quien pronostica en Madrid que se lamentará la marcha de Ramón Jáuregui a Bruselas.
«El joven Eduardo Madina, sustituto de Jáuregui es admirable por su valor y tiene un discurso impecable sobre el País Vasco, pero es que hay que negociar con Duran i Lleida, Erkoreka, los de Esquerra y otros de colmillo retorcido, y ahí hace falta mucha experiencia», se argumenta en los pasillos de las Cortes.
En los Gobiernos de coalición las grietas crecen. «El tripartito catalán depende de Esquerra y a su vez de la financiación», asegura el diputado convergente Fernández Teixidor. Su previsión es que Esquerra se marche en meses, Montilla tenga que convocar elecciones anticipadas y Artur Mas gobierne. Rajoy, por si sus votos son necesarios, aunque sea absteniéndose, frecuenta Cataluña tratando de crecer.
Aciertos y alivios
Entretanto, el general Félix Sanz Roldán ha desembarcado en el CNI con las tijeras de podar espías. Su nombramiento debe tratarse de un gran acierto de Zapatero porque hasta Felipe González lo ha elogiado, con lo escasos que son sus halagos al presidente. Se dispone a sanear la institución después de que a su antecesor se le escapara el control y los propios espías demostraran mayor eficacia filtrando noticias contra su jefe -y se supone que algunas hasta fabricándolas-que en otros menesteres. Como el 60% del personal del centro es militar, mejor un general de prestigio para limpiar que un civil. Al fin y al cabo, este general no acabó mandando en la OTAN por las malas relaciones entre Bush y Zapatero.
Ahora, cuando se creía jubilado, Zapatero lo ha llamado y él se ha limitado a decir: «Soy un militar y no puedo desatender una petición del presidente». Mandó así el mensaje a su mundo militar vía Raúl del Pozo, columnista brillante que ni hizo la mili, pero los dos son de Cuenca y la antropología favorece, entre otras cosas, la confidencia.
El único alivio por el momento le llega a Zapatero desde el País Vasco. Patxi López y el navarro Miguel Sanz, de UPN, han reanudado las conversaciones de las dos comunidades después de trece años de aislamiento dejando claro que Navarra no es subsidiaria de los vascos. Y la andadura del prudente Patxi López le ha permitido decir a Rodríguez Zapatero: «Vale la pena pasar las dificultades que pasamos por tener este lendakari». O sea, lo resolveríamos todo en el Congreso solo con cederle el sitio en Vitoria al Partido Nacionalista Vasco. Atención al argumento, porque lo veremos exhibido en las próximas contiendas electorales.