Los supervivientes y familiares de las víctimas conmemoran el primer año de la tragedia de Barajas prometiendo que no descansarán hasta que se sepa la verdad
21 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Quiero que quede claro: había indicios suficientes de que ese avión jamás, digo, jamás, debió haber despegado». Javier Rodríguez, portavoz de la asociación de afectados del vuelo JK-5022 de Spanair, golpeó la mesa con los nudillos para subrayar sus palabras, que resumen el sentir mayoritario de los familiares al cumplirse ayer un año del siniestro en el que fallecieron 154 personas.
Rodríguez compareció en una multitudinaria rueda de prensa junto a otros cuatro miembros del colectivo, con el objetivo de dejar claro que no descansarán hasta que se sepa la verdad y se asuman todas las responsabilidades. Sentado junto al superviviente José Pablo Flores, el portavoz tuvo que tragar saliva más de una vez, templar los nervios y no derrumbarse para contar con entereza que aunque «hoy es un día de recuerdo» a los suyos, no pueden obviar que en el ambiente flotan múltiples interrogantes, no solo por los problemas técnicos que el avión arrastraba cuatro días antes del accidente, sino por las dudas sobre la eficacia del plan de emergencias del aeropuerto, el diseño de la pista de la T4, la presencia del arroyo donde cayó la nave...
«Ahora sabemos de la desorganización que presidió el rescate: las primeras ambulancias tardaron en llegar 40 minutos; eso es una barbaridad, algo inconcebible, demasiado tiempo para 17 víctimas» que no murieron carbonizadas, sino ahogadas en el arroyo o desangradas, recordó visiblemente enojado Rodríguez.
Preguntas también se hizo José Pablo Flores, uno de los 18 supervivientes. Con una entereza admirable, contó que «nunca», desde entonces, ha querido rememorar el dramático despegue. «Solo quiero decir que quien fuera no detectó el problema» de la aeronave. José Pablo, eso sí, puso en la diana al departamento de ingeniería de la compañía Spanair, responsable de analizar las incidencias que daba el MD-82 días antes de la tragedia.
También el reciente informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (Ciaiac), dependiente del Ministerio de Fomento, centró otra parte de la comparecencia.
Julio Pastor, profesor universitario de Electrónica contratado por la asociación, señaló que el documento oficial «está a medias y no es definitivo». «Es un hecho, el avión no debió haber volado, pero ¿por qué se cayó?, ¿qué ocurrió?, ¿qué pasó después?», cuestionó.
Cansados de tantos flashes en un día de intimidad y recuerdo, su compañera Salaeta Nistal, presidenta de la asociación, cerró la comparecencia de casi una hora con una aclaración: «Qué pasó lo sabemos, ahora queremos que no vuelva a ocurrir, que las compañías no presionen a los pilotos ni a los técnicos de mantenimiento y, sobre todo, que se asuman todas la responsabilidades penales», zanjó.