La ausencia del presidente ha dejado más espacio a otras batallas, como la del AVE en Portugal, la de la corrupción en Valencia y hasta el Watergate del Barça
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:40 h.La semana política que hoy termina estaba rara. Como Zapatero se fue a América a codearse con Obama y los líderes mundiales se paralizó la operación de demolición tan cuidadosamente programada. La oposición ha estado huérfana porque sin su tarea habitual se le nota más la ausencia de ideas.
A falta de enemigo común, cada comunidad se ha dedicado a lo suyo. En Cataluña ha estado el Watergate del Barça, cuatro vicepresidentes espiados por el director general del club, aunque este insista en que lo hizo solo para protegerlos. Un sainete en clave electoral para preparar la sucesión de Joan Laporta, el inefable presidente que pronto se dedicará solo a la política y dejará de compaginar hasta ahora sus tres grandes pasiones: el Barça, el independentismo y los negocios. Menos mal que Pep Guardiola y sus chicos salvan la papeleta del club.
En Valencia, peor. Ya no es cuestión de unos trajes sino de cajas B, constructoras, Orange Market y la financiación ilegal del PP valenciano como objetivo. Por suerte para Paco Camps, en la Justicia valenciana tiene «un más que amigo». Mariano Rajoy dice que todo va a acabar en nada, pero un alto dirigente del PP lo ve de otro modo: «Todos los partidos hacen lo mismo para financiarse, solo que a Camps lo han pillado y a otros no». Si los informes de la Policía Judicial son correctos, Ricardo Costa, secretario general del PP valenciano, lo pasará mal.
Entretanto, en Extremadura se viven con especial inquietud las elecciones portuguesas de hoy. Si no gana el socialista José Sócrates y forma Gobierno la conservadora Manuela Ferreira Leite, adiós al AVE Lisboa-Madrid por décadas. Extremadura, en vez de ser la puerta de Portugal -con permiso de Galicia-, se quedará en estación término. El caso de la sexagenaria doña Manuela enlaza en la historia con el ministro español Francisco de Luxan, que en 1855 no se le ocurrió mejor idea que comenzar en España la construcción del ferrocarril con un ancho de vía distinto del europeo para evitar invasiones extranjeras.
Reinaba Isabel II en España cuando se argumentó que «necesitamos un ancho de vía distinto para que las locomotoras de las tropas invasoras se queden en los primeros». Y así, España, y de forma cautiva Portugal, se aislaron de la Europa a la que pertenecían y de la que solo la han separado el tren y las dictaduras autóctonas. Hubo que esperar 130 años para que Felipe González decidiera la construcción del AVE con ancho de vía europeo como reivindicación de que queríamos ser Europa sin limitaciones.
Ahora, siglo y medio después de aquel gran error estratégico español, doña Manuela propone en su campaña el aislamiento por temor a una invasión exterior. Por fortuna para los extremeños y portugueses, las encuestas de los últimos días advierten que los votantes se han dado cuenta que si Portugal quiere estar en el mundo actual y global no pueden votar a la distinguida señora que los asusta diciendo que con el AVE terminarán siendo una comunidad autónoma más de España.
Habrá que esperar a los resultados de esta noche, porque en las elecciones europeas también ganaban los socialistas en las encuestas y se llevaron un buen disgusto. Mañana saldremos de dudas, pero doña Manuela quedará ya en la galería de personajes surrealistas del siglo XXI que defendían propuestas dignas del siglo XIX.
Ni siquiera la conmovió que los eurosocialistas españoles en fechas muy recientes se enemistaran con sus correligionarios al votar la continuidad como presidente de la Comisión Europea a Durão Barroso, militante precisamente del partido de doña Manuela. «Fue muy difícil para nosotros justificar este voto -afirma Juan Fernando López Aguilar- y lo hicimos porque también lo pedía Sócrates, que con Zapatero son los dos únicos dirigentes socialistas que gobiernan en Europa». Veremos cuánto duran ambos en sus puestos, habida cuenta de que Sócrates se la juega hoy y Zapatero tiene enfrente una coalición de adversarios entre la política, las organizaciones empresariales y los medios empeñados en desalojarlo. Y que no reparan en erosionarlo aunque sea utilizando una fotografía de sus hijas.