Rajoy justifica la vuelta de Camps en un Ferrari y defiende la honradez de Ricardo Costa, sancionado por razones políticas
17 nov 2009 . Actualizado a las 09:57 h.Mariano Rajoy mostró ayer su confianza en que la paz interna firmada hace una semana en el comité ejecutivo nacional del PP y escenificada en la convención celebrada el pasado fin de semana en Barcelona sea para siempre. «Espero que [se prolongue] sine die», fueron sus palabras. La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, ahondó en el mensaje de que la ausencia de ruidos internos no es un espejismo, sino el final de meses de hostilidades y de ventilar las diferencias en primera página. De Cospedal aseguró que la convención nacional ha dejado muy claras dos ideas: que «todos los del PP queremos el partido así, unido y fuerte», y «el liderazgo indiscutible de Rajoy». Por si no había quedado claro, insistió: «Creo que todos, y digo todos, nos hemos quedado satisfechos con el mensaje de unidad de Barcelona».
Los dirigentes populares, con el líder a la cabeza, no dudaron en salir en tromba y con un mensaje idéntico para taponar de inmediato la fisura aparecida el domingo en la flamante unidad interna. Quitaron toda importancia a que el presidente valenciano, Francisco Camps, al que el escándalo Gürtel le ha costado un secretario general, un desgaste político y una profunda crisis del partido, no asistiese al discurso de clausura de Rajoy en Barcelona para poder participar en el circuito de Cheste en una fiesta internacional de Ferrari, durante la que fue fotografiado al volante de un descapotable junto a Fernando Alonso, los responsables de la marca y la alcaldesa Rita Barberá.
La disculpa se puede resumir en las palabras del líder del PP andaluz, Javier Arenas, que defendió que Camps «estuvo donde tenía que estar». Rajoy, De Cospedal y Ana Mato, vicesecretaria de Organización, coincidieron en que la fiesta de Ferrari era «un acontecimiento muy importante para la Comunidad Valenciana», un evento internacional de los que proporcionan a este territorio prestigio, turismo, recursos económicos y puestos de trabajo, razón de sobra para ausentarse de la convención.
Rajoy también rechazó en un chat con los periódicos de Vocento las acusaciones de afán de protagonismo del presidente valenciano, que saludó eufórico durante la vuelta al circuito al volante del deportivo. «Tanto al Rey como a [Jordi] Pujol los he visto en situaciones similares y no pasa nada», comentó.
La dirección del PP restó toda importancia a la ausencia de Camps y también a las de Esperanza Aguirre, que explicó que dejaba Barcelona por la enfermedad grave de un familiar, la mayoría de los dirigentes del partido en Madrid, o del ex presidente José María Aznar, que no acudió a la convención.
Rajoy dio por superada la crisis del partido en Valencia y tuvo palabras conciliadoras hacia el defenestrado secretario general regional, Ricardo Costa, suspendido de forma provisional de militancia, y que mañana deberá declarar ante el tribunal interno del partido en su expediente disciplinario. Dijo que Costa es «una persona honrada» y que su destitución no se debió a un problema de honorabilidad, sino «a unas declaraciones políticas que no debía haber hecho».
El líder popular también confía en que los problemas con Esperanza Aguirre, que nunca ha ocultado que se postula como alternativa a Mariano Rajoy, y los enfrentamientos de la presidenta regional con el alcalde madrileño Alberto Ruiz-Gallardón son cosa del pasado. Justificó el no tomar medidas drásticas contra ellos porque «son dirigentes de gran capacidad, muy apoyados por los ciudadanos», y porque «estoy convencido de que en el futuro las cosas van a ser muy distintas».
Rajoy y De Cospedal están convencidos de que, tras una semana sin peleas internas, el PP ha emergido con claridad ante la opinión pública como la alternativa al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.