Las servidumbres de una intensa vida nocturna

J.?Á.?F.

ESPAÑA

21 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Después de los negros años del gilismo, que contaron con la vergonzosa complicidad de más de un miembro de la judicatura, los juzgados de Marbella sufrieron un profundo proceso de renovación en el que se enmarca la llegada el juez Miguel Ángel Torres, instructor del caso Malaya.

El juez Javier de Urquía formaba parte de ese grupo de jóvenes magistrados no contaminados por el pasado que habían contribuido a cambiar la imagen de la Justicia en la capital de la Costa del Sol.

Quienes lo conocen aseguran que es de una simpatía arrolladora. Al poco tiempo de llegar a Marbella ya se movía en un amplio círculo social. Cultivó estrechas relaciones con empresarios de la noche marbellí, y era muy habitual verlo compartir veladas de copas con fiscales, abogados y policías locales.

La fama de noctámbulo de Javier de Urquía creó resquemor entre los investigadores. En uno de los seguimientos, los policías se sorprendieron al ver cómo uno de los sospechosos finalmente detenido lo abordaba en un restaurante para saludarlo con grandes abrazos. Dicen que lo que lo perdió fue precisamente su pasión por la noche marbellí.