Elegía por el jefe en retirada

Enrique Clemente Navarro
ENRIQUE CLEMENTE MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

Loas a Rodríguez Zapatero en pleno debate sucesorio marcan la reunión de los socialistas en Zaragoza

30 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Todo estaba preparado para el lucimiento, el espectáculo mediático, el ejercicio de autobombo que caracteriza las convenciones de los partidos. Sobre todo porque Zapatero llegaba con el éxito del pacto social bajo el brazo, el primer tanto que se apunta desde que cerró el acuerdo de legislatura. Pero Ramón Jáuregui se fue de la lengua ante periodistas y habló del plan de retirada del presidente, es decir, de que no será el candidato. Manuel Chaves remachó la torpe faena al día siguiente hablando de él en pasado, dándolo por enterrado. Ciertamente, un «error catastrófico», como lo calificó el rebelde Tomás Gómez.

En estas condiciones el debate sucesorio tenía que marcar inevitablemente un cónclave destinado a ser el pistoletazo de salida de la campaña de las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Las esperadas propuestas del PSOE para mejorar la cooperación en el cuestionado Estado de las Autonomías quedan en muy segundo plano.

Mensaje a los barones

No es de extrañar que José Blanco, el político clave en el ascenso y consolidación de Zapatero, dedicara su intervención de ayer a componerle una loa, que más bien parecía una elegía para el jefe y amigo que se va, al mejor socialista que ha conocido. Chaves quiso arreglar su desaguisado y se sumó a los elogios. Un mensaje a los barones autonómicos (Barreda, Vara, López, Gómez y compañía), que presionan para que Zapatero despeje la incógnita antes de la cita con las urnas, para tratar de paliar la debacle que prevén las encuestas para los socialistas. Creen que si se va evitarán pagar la factura del tremendo desgaste del presidente.

Pero hacerlo ahora sería un imperdonable fallo de estrategia política, porque lo convertiría inmediatamente en un «pato cojo» -si no lo es ya-, aplicándole el término que designa a los presidente de EE.UU. en su segundo mandato. A menos que fuera para dimitir.

El único consuelo de los socialistas son los desatinos del Partido Popular. Con un Mariano Rajoy viento en popa hacia la Moncloa, al que rindió pleitesía el mismísimo Aznar en Sevilla, a Aguirre se le ocurrió volver a respaldar a Álvarez Cascos, a Arenas resucitar la teoría de la conspiración del 11-M y a De Cospedal reeditar las acusaciones de espionaje sin pruebas. Aún así, 4,7 millones de parados lo pueden todo.