La marca PSOE, a la baja

Enrique Clemente Navarro
enrique clemente MADRID /LA VOZ

ESPAÑA

Varios candidatos esconden las siglas socialistas y el presidente del Gobierno las reivindica ante los barones

07 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Cotiza a la baja la marca PSOE? ¿La caída en picado de la credibilidad de Zapatero ha afectado también a las históricas siglas? Todo indica que la respuesta a esas dos preguntas es afirmativa. Varios candidatos socialistas a las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo han hecho desaparecer el logo del puño y la rosa y las siglas del partido de sus primeros vídeos de precampaña. Simplemente venden a los cabezas de lista, eso sí con eslóganes en los que predomina el color rojo. Así lo han hecho los aspirantes a las presidencias de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, y de Castilla y León, Óscar López. En el vídeo del candidato a la alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, solo al final una voz en off pronuncia las palabras Partido Socialista.

El propio José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que defender la marca PSOE en el comité federal del sábado. «Nuestra marca, la marca PSOE, se define y se resume en tres palabras: modernización, solidaridad y derechos», aseguró ante la plana mayor del partido, barones incluidos.

Los expertos en comunicación política consultados por La Voz coinciden en que la marca PSOE no pasa por su mejor momento, aunque puntualizan que sigue siendo un importante activo electoral. Dicho en palabras del catedrático Manuel Villoria, «si los señores López y Gómez se presentaran a unas elecciones sin la marca PSOE no los votaría ni su familia más cercana». Además, como apunta el profesor de Derecho Constitucional Rafael Rubio, la ocultación de las siglas puede ser también una estrategia para tratar de captar en una primera fase a los electores más indiferentes. «Ayuda para solventar el rechazo inicial, pero tiene que venir acompañada de una labor posterior de convicción y de lucha contra la campaña del oponente, que se encargará de señalar la afiliación socialista de los candidatos con ocasión o sin ella», sostiene.

El progresivo deterioro de la imagen de Zapatero, debido principalmente al espectacular aumento del paro, la crisis económica y ahora a las medidas impopulares que ha adoptado para ahorrar energía, entre ellas la más polémica de todas, rebajar la velocidad máxima en autovías y autopistas a 110 kilómetros por hora, ha afectado también al acrónimo del partido. Si aquel invento de la marca ZP fue un imán de atraer votos, ahora es un lastre para los candidatos socialistas, que temen ser juzgados por los fracasos del presidente del Gobierno y no por sus logros.

Oportunismo

Pero Manuel Villoria considera que apartar a Zapatero de sus campañas sería todavía peor, porque el electorado lo percibiría como una maniobra oportunista. En su opinión, lo mejor sería un «justo término», que «cada candidato defienda su proyecto y que agradezca a Zapatero el apoyo». Aunque «en determinados temas puede ser necesario marcar alguna distancia de matiz, pero nunca expresar de forma oportunista el rechazo hacia quien hace tres años encumbraban como líder extraordinario».

Resulta significativo el cada vez más visible desmarque del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, con respecto a jefe del Gobierno. El último episodio fue anunciar con bombo y platillo que no estaría presente en su acto de proclamación del pasado viernes, al que tampoco acudió Alfredo Pérez Rubalcaba. Barreda dejó claro que «el voto del 22 de mayo sirve para elegir a alcaldes y presidentes de comunidades autónomas». También fue llamativa la ausencia de Zapatero en la presentación de la candidatura del extremeño Guillermo Fernández Vara en Mérida, en la que sí lo arropó el vicepresidente primero del Gobierno.