Arranca una campaña hipotecada

Enrique Clemente Navarro
enrique clemente MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

El paro, las acusaciones contra Blanco y la crisis del euro condicionan la agenda electoral

04 nov 2011 . Actualizado a las 11:28 h.

La campaña electoral no podía empezar más movida, con más acontecimientos que la condicionan desde su inicio. El nuevo aumento espectacular del paro, en este caso el registrado, suponía una nueva carga de profundidad para Alfredo Pérez Rubalcaba, que refrendaba la catastrófica cifra de casi cinco millones de desempleados de la EPA. No fue el único contratiempo del día para el candidato socialista, ya que la jueza de Lugo encargada de la instrucción de la operación Campeón elevaba al Tribunal Supremo la parte relativa al ministro de Fomento, José Blanco, al que el principal imputado, el empresario José Dorribo, acusa de cobrar comisiones. La otra cara de la moneda era que la Audiencia Nacional desmontaba la investigación del juez Ruz sobre el caso Faisán, el chivatazo a ETA.

Pero las noticias que llegaron del exterior tenían también una gran influencia en la política interna y, por lo tanto, en la campaña. Por un lado, el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, daba marcha atrás en su sorprendente decisión de someter a referendo el plan de rescate de la UE, lo que contribuía a calmar un tanto la crisis del euro. Si hace cuatro años alguien hubiera dicho que Grecia sería uno de los temas más importantes de las siguientes elecciones le habrían tomado por loco.

Por otro lado, el Banco Central Europeo, con su nuevo presidente, el italiano Mario Draghi a la cabeza, decidía bajar los tipos de interés un cuartillo, hasta el 1,25 %, lo que supone un alivio para la economía española. Una decisión en la línea de lo que Rubalcaba había exigido el día anterior, argumentando que en Estados Unidos, Japón e Inglaterra están por debajo del 1?%.

El socialista demandaba también a la UE una especie de Plan Marshall con grandes inversiones y una política de estímulos fiscales para recuperar la senda del crecimiento y poder crear empleo. Una propuesta en las antípodas de la apuesta por la austeridad a ultranza de Mariano Rajoy, que repite una y otra que no se puede gastar más de lo que se tiene. Asimismo, constituía un claro desmarque con la política de reducción del déficit a toda costa que preconizan José Luis Rodríguez Zapatero y Elena Salgado.

Más recorte en inversiones

De hecho, el Gobierno va a recortar aún más las inversiones publicas, ya que de los 654 millones de euros de ajuste adicional que anunció hace unas semanas 500 millones se concentran en el Ministerio de Fomento.

Rajoy parte con una ventaja en todas las encuestas insalvable para su rival, por lo que la única incógnita será ver cuál es la magnitud del triunfo popular y del desastre socialista. Los listones los marcaron José María Aznar, con 183 escaños, y Joaquín Almunia, con 125. Fue en el 2000. Quedarse por debajo de esa cota supondría el final de la larga carrera política del exvicepresidente de Zapatero. El panorama para el PSOE sería desolador, muy debilitado en el Parlamento, con solo dos comunidades autónomas -y Andalucía en más que serio riesgo de perderla en las próximas elecciones- y un poder local muy disminuido.

Rubalcaba, que tiene asumida su derrota como dejó caer ayer en una entrevista, ya solo confía en el único debate televisivo para remontar y movilizar a los indecisos, en gran parte potenciales votantes socialistas decepcionados con la gestión del Gobierno. El PSOE cree que el cara a cara servirá para demostrar que su candidato es mejor.