Entre la misa y el funeral

La Voz ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

Rajoy ordenó al PP contener el triunfalismo en una abarrotada plaza de toros de Valencia y enterró la etapa de Camps sin siquiera nombrarlo. Por Gonzalo Bareño

14 nov 2011 . Actualizado a las 12:55 h.

Con Zaplana, con Camps, con Fabra o con el lucero del alba. En Valencia, cuando hay elecciones, el PP revienta la plaza de toros. Y punto. Más que un mitin, lo que allí se celebró ayer era la misa. Así lo entendió un ejército de militantes que, tres horas antes de comenzar la fiesta, procesionaba ya por lo que fue la ribera del Turia en grupos familiares. Como si fueran a recibir la comunión en una mañana lluviosa de domingo. Algún día habrá que estudiar por qué en Valencia, y en ningún otro sitio, el fervor de los populares por sus líderes trasciende lo político para situarse casi en el ámbito de lo religioso. Tanto, que Rajoy ordenó rebajar la euforia y suspender el tradicional despliegue de pólvora para no dar miedo a quienes se quieran sumar a ese cambio que predica.

Las fiestas las santifican los del PP en Valencia con alegría, mucho ruido y artificio. Y a sus muertos, por el contrario, los entierran con silencio y poco luto. Hace apenas seis meses, el que oficiaba esta ceremonia junto a Rajoy en las autonómicas era Francisco Camps. Pero ayer, ni siquiera le pusieron una silla. Nadie le invitó. Y él comprendió que estaba excomulgado. La consigna era no nombrarlo a él y mucho menos a su armario ropero. «Eduardo y Paco han sido unos grandísimos presidentes», fue lo más que se atrevió a decir su sucesor, Alberto Fabra, incluyendo a Zaplana en el elogio. Como si le avergonzara ser el único en citar al innombrable. Rajoy, más Rajoy que nunca, fue sutil y a la vez letal. «Muchas gracias, Federico, que has estado ocupándote de temas... bueno, no vamos a calificarlos», le dijo a Trillo, que fue su correo del zar y no cejó hasta cumplir su encargo de que Camps se hiciera el haraquiri.

Pero antes de todo eso, Fabra, Rita Barberá y Esteban González Pons mantuvieron un emocionante duelo por encontrar el elogio más hiperbólico a Rajoy. Alfonso Rus, presidente del PP de Valencia, prefirió sin embargo empezar a pasarle a Mariano la factura del fiestón. Y, haciendo ya la lista de la compra, le pidió que cuando llegue a la Moncloa les lleve el agua, culmine el AVE y garantice el corredor mediterráneo.

En semejante ambiente, lo de menos era el sermón del candidato. Y eso que Rajoy, recuperado de la pájara de los últimas días, dijo cosas. Admitió por primer vez que va a ganar las elecciones. Al parecer, era el único español que no lo sabía. «Lo creo y lo digo», aseguró. Para compensar semejante ataque de autoestima, subrayó más que nunca el mensaje de que, ocurra lo que ocurra y gane por el margen que gane, contará con todos. Tanto, que en un momento dado pareció abrir la puerta a integrar a otros partidos en su Gobierno.

Pero para la parroquia, todo aquello era lo de menos. Para todos, menos para un grupo de indignados, que trató de aguarles la fiesta. Estaba Rajoy en pleno discurso, cuando un espontáneo se levantó con un cartel en el que se leía: «PPSOE corruptos». Se ganó la bronca del personal, el desprecio de Rajoy y el paraguazo de un señor mayor, indignado por la irreverencia.

MITIN

VALENCIA

ASISTENTES: 16.000

Intervienen Rita Barberá, Esteban González Pons, Alberto Fabra y Mariano Rajoy

«Creo que vamos a ganar las elecciones. Lo creo y lo digo»

Mariano Rajoy

en caravana

GONZALO BAREÑO