Dos banderas para un solo islote

ander azpiroz / Colpisa

ESPAÑA

Perejil sigue desierto cuando hoy se cumplen diez años de una crisis que casi lleva a Marruecos y a España al enfrentamiento militar

11 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

«Al alba y con viento duro de levante..., 35 nudos de viento, salieron cinco helicópteros, tres helicópteros Cougar que transportaban dos equipos de operaciones especiales, con un total de 28 soldados que llegaron a la isla Perejil, y otros dos helicópteros Bolkov que se quedaron sobrevolando la zona en misiones de apoyo». Con estas palabras comenzó en el 2002 el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, la explicación sobre el asalto de las tropas españolas a Perejil -para los marroquíes Laila, Leila o Tura-, una crisis que se prolongó durante once días y a punto estuvo de desencadenar un conflicto armado entre España y Marruecos.

Diez años después de convertirse en escenario prebélico, el islote sigue igual de desierto que antes del conflicto. Lo que se dirimió entre el 11 y el 22 de julio de hace un decenio fue algo más que una cuestión de soberanía sobre un pequeño terreno de discutible valor estratégico, sirvió para medir los efectos que hubiera tenido la reacción de España en la reivindicación alauí sobre Ceuta y Melilla. Según explica el general de división Fernando López de Olmedo, por entonces comandante general de Ceuta, «desde la guerra del Protectorado (1909-1927) no se había producido una situación de crisis de estas características en el norte de África, con posibilidad de un enfrentamiento a gran escala y de una enorme trascendencia para España».

El 11 de julio del 2002, una docena de gendarmes de Rabat colocaron dos banderas de su país y acamparon sobre el islote situado a 200 metros de la costa marroquí con la excusa de una operación contra el narcotráfico. Fue el inicio del conflicto, en torno a una minúscula isla de pura roca y deshabitada.

Proteger Ceuta

El excomandante de la ciudad autónoma desvela que se barajó la intervención de la Legión a las pocas horas de iniciarse la crisis, pero la operación no recibió luz verde en Madrid. La primera preocupación debía ser proteger la ciudad norteafricana ante la incierta deriva de la situación. «Nuestra actividad no se limitaba al hecho de recuperar u ocupar Perejil, sino, de manera especial, a la defensa inmediata del territorio de Ceuta», explica López de Olmedo. El Gobierno de José María Aznar ordenó intensificar las defensas ceutíes y las de Melilla mientras preparaba un rápido asalto al islote.

La operación comenzó el 17 de julio bautizada como Romeo Sierra y la llevaron a cabo 25 soldados del Cuerpo de Operaciones Especiales, apoyados por otros tres de la Armada. Los militares descendieron sobre Perejil desde tres helicópteros, mientras otros dos aparatos escoltaban el despliegue desde el aire y otro conminaba a los marroquíes a rendirse a través de altavoces. Los seis gendarmes se entregaron ante la evidente superioridad enemiga y una hora después se dio por concluida la misión, sin que se disparase un solo tiro.

Tras el desalojo, Perejil quedó defendida por 75 legionarios. Permanecieron allí durante tres días, y se replegaron el 20 de julio, después de que España y Marruecos pactaran regresar al statu quo anterior. La solución alcanzada consistió en que el islote no fuera propiedad de nadie, y que ninguno de los dos países hiciera ostentación de soberanía. «Fue una crisis política que pudo convertirse en un serio enfrentamiento militar», concluye López de Olmedo.