No hay que darle vueltas: resisten mejor las crisis los territorios con industria. El resto, si tienen playas o montañas altas, aguantan con el turismo, pero los demás quedan limitados a la agricultura y unos pocos servicios para su menguada demografía. Rellenar la población con funcionarios no resuelve nada, como saben en Extremadura. España es buen ejemplo: solo País Vasco, Navarra y una parte de Cataluña y Madrid resisten bien, afirmación siempre relativa. El resto trampean y algunas fábricas providenciales ayudan a aguantar el tinglado: PSA en Vigo, Ford en Valencia, GM en Zaragoza y Renault en Valladolid. Conclusión: hay que reindustrializar y dejarse de pelotazos.
El Colegio de Ingenieros de Madrid destaca en pedir al Gobierno que se centre en lo esencial, a su juicio, la imprescindible reindustrialización de España. «Nuestra voz debe ser oída», claman en el editorial de su revista de julio. «Hay que volver a reindustrializar España para que la industria sea motor de crecimiento y de creación de empleo. [...] y eso debe ser objetivo de Estado». Para ello disponen de un documento básico: «Una política industrial para la era de la mundialización». Están de acuerdo con la austeridad y las reformas estructurales profundas pero, según claman en un editorial anterior, echan «en falta algo más: la sociedad española tiene derecho a saber cómo se va a ganar la vida en el futuro». Reflexión crucial esta porque, hundido el modelo productivo diseñado por Rodrigo Rato, no sabemos aún cómo saldremos adelante como país. El turismo funciona y nos visitan más de cincuenta millones de viajeros al año pero que no nos pase como a la República Dominicana, que tampoco puede vivir solo de ese sector.
De momento, el Gobierno se dedica básicamente a recortar, con la obsesión exigida por Europa para limitar el déficit público. Pero sin un plan para abrir nuevas líneas de negocio y de industria, vamos mal. Hay algunas excepciones, sin embargo. En Fomento, las reformas han comenzado por Aena, que se quiere privatizar, y por Renfe. En la compañía ferroviaria, donde las cosas se hicieron bien en época de José Blanco, con Teófilo Serrano a la cabeza, se puede dar un salto espectacular ahora con la ley que permite la liberalización. O sea, por la vías de ADIF, circularán trenes de Renfe y de cualquier otra compañía, del mismo modo que en los aeropuertos de Aena aterrizan aviones de Iberia y tantas otras banderas. Los sindicatos han recibido la liberalización con una huelga, quizás sin valorar que Renfe no va a cerrar sino que va a ser más competitiva. ¿Y de dónde sacarán las nuevas compañías de trenes a sus maquinistas y técnicos? Sucederá lo mismo que con la llegada de las televisiones privadas hace dos decenios. La inmensa mayoría de sus empleados procedían de TVE, y estos mejoraban sus contratos y expectativas.
Las mercancías y el tren
Hay mucho por mejorar. Fíjense en las mercancías. Es casi increíble que en España solo el 4 % de las mercancías se muevan por tren. Hay países de Centroeuropa en que este porcentaje alcanza la cifra de 70. Pero en ocasiones la línea férrea no llega a los puertos. La ministra Ana Pastor, que resultaba tan creíble hablando de política sanitaria, ahora exhibe su curso acelerado de infraestructuras, que parece dominar, con una energía reconfortante: «Por supuesto que el AVE llegará a Galicia». Su plan para reducir las pérdidas de Renfe es sugestivo. Ojalá se detectara tanto impulso en otros ministerios.
La portavoz socialista Inmaculada Rodríguez-Piñero sostiene que «en siete meses de Gobierno Rajoy las cosas están peor que estaban», mientras el PP canta las excelencias de su gestión. Lo inquietante es que los empresarios están descontentos. Y los ingenieros... y tantos otros. Rajoy debería pensar en reindustrializar y no solo en recortar. ¿O no?