Tenía 18 años, era hincha del Atlético de Madrid y amante del cine. La última película que vio fue Lo imposible, que le pareció «increíble». En su perfil de Twitter escribió Enjoy it (disfrútalo) y mostraba el amor por su gato y la comida japonesa. Vivía con sus padres y su hermana y cuidaba a los tres hijos de unos vecinos para ganar un dinero. Cristina Arce murió durante la fatídica madrugada de Halloween, igual que su amiga Rocío Oña, a la que conocía del Instituto Alameda de Osuna, y con la que que había acudido a la fiesta. Ayer profesores y compañeros de bachillerato del centro guardaron un minuto de silencio en su memoria, que se rompió solo con un aplauso. El padre de una alumna y miembro de su consejo escolar, Alberto López, declaró que los chicos no tuvieron clase en las primeras horas de la mañana, ya que se dedicaron a hablar del suceso, para que pudieran «desahogarse». «Ha sido muy duro para ellos, para esto nadie está preparado y mucho menos adolescentes», aseguró. Explicó que sabía por su hija y otros estudiantes que unos 200 alumnos del instituto se habían dado cita el pasado jueves para acudir al Madrid Arena. López contó que los padres de Cristina están «destrozados», que «las cosas se hicieron muy mal» y que los responsables, a su juicio, son la empresa organizadora y el Ayuntamiento. Rocío y Cristina están sido recordadas con flores y velas en la boca del metro de Alameda de Osuna.