Billetes para el postmarianismo

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

24 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El paraguas mediático de la declaración judicial de Iñaki Urdangarin lo tapa todo y es lógico. El monumental desaguisado organizado por el marido de la infanta Cristina, que ha supuesto la mayor erosión para la Corona que se recuerda, desembocará en alguna consecuencia grave que no puede alejarse mucho de una condena significativa para Urdangarin y, desde luego, para su socio y cerebro de la trama, Diego Torres, ademas de las consecuencias familiares que puedan seguirle. Hay quien considera la conveniencia de un divorcio de la infanta para así levantar un dique sanitario con el grave problema suscitado. Hay mucho en juego.

Pero no es esta la única batalla importante que se libra en el país, y ni siquiera por su relieve puede tapar otros movimientos de fondo para el futuro político. Hablemos, por ejemplo del partido que gobierna. Es tal la profundidad de la crisis política en general y especialmente la preocupación por el futuro en el PP que da la sensación de que se ha forzado la apertura de la taquilla expendedora de billetes para el postmarianismo. Eso no significa que Rajoy esté liquidado, ni sería conveniente, porque sin alternativa sólida, ni dentro ni fuera del Partido Popular en la actualidad, su eventual caída no haría mas que agravar la crisis. Significa claramente que hay dirigentes que quieren estar en buena posición el día que eso suceda y adquieren ya su billete con moneda verbal o con gestos elocuentes de desmarque.

La primera persona en subir a ese tren fue la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. Tras el estallido del caso Barcenas y el escándalo de los sobres, Soraya, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, afirmó casi complacida: «A mi que me registren», Y hábilmente giro los focos hacia su partido. Y allí está su rival directa para la sucesión María Dolores de Cospedal, la secretaria general que ha soportado mayor presión interna en el cargo. Arenas y Álvarez Cascos, antecesores suyos, y últimamente Esperanza Aguirre, se han encargado de azuzar las tropas en su contra.

Pero hace unos días, la señora María Dolores de Cospedal presentó una demanda contra Luis Barcenas, descolocando a todo el PP. No es seguro que Rajoy lo supiera, se ha escrito, pero es casi imposible que no lo conociera. Se diría que el presidente, partidario de que sus tiempos consuman hasta a los mas pacientes, aprobó, o al menos toleró, la acción de su numero dos, lo que podría interpretarse como que habló por persona interpuesta. Hoy por hoy la divisoria la marca Bárcenas: antes o después de Bárcenas. Con ese gesto atrevido de María Dolores de Cospedal, Javier Arenas y Álvarez Cascos, que ya estaba fuera, y toda su generación quedan descolocados. Podrán sumarse a la querella o demanda general, o ir por libre, pero siempre llegarán después, porque Soraya y De Cospedal ya están del otro lado.

Y del otro lado está desde hace tiempo Alberto Núñez Feijoo y quiere estar Esperanza Aguirre. El primero, desde una exquisita y firme lealtad a Mariano Rajoy, se dibuja como un finalista nato el día que se corra la ultima vuelta del relevo. La segunda, desde el antimarianismo militante, aspira a sucederle por la vía de estar en el área, aun con tarjetas, para tener opciones de gol. El más enigmático, Alberto Ruiz-Gallardón, que sigue proclamando que él se irá con Rajoy y está enredado en líos de la justicia, los de siempre y los que él mismo genera, acaso para congraciarse con la derecha más derecha de su partido que siempre lo detestó. Cinco candidatos, por tanto para el postmarianismo. De momento. La taquilla está abierta.