Miguel Herrero de Miñón aprovechó esta semana en Madrid la presentación de su libro para dar su receta particular sobre como arreglar esta España herida
16 jun 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Miguel Herrero de Miñón, uno de los tres padres de la Constitución que sobreviven junto a Roca Junyent y Pérez Llorca, aprovechó esta semana en Madrid la presentación de su libro Cádiz a contra pelo. 1812-1978, para dar su receta particular sobre como arreglar esta España herida. Revisar la Constitución y actualizarla, después de 35 años, de acuerdo, pero ¿por qué no empezamos a reparar averías y dejamos la reforma general para el final? Para el ilustre jurista, hoy consejero de Estado, es mejor pensar primero en una ley electoral, después rehacer una ley de financiación de los partidos para que no vivamos el lamentable espectáculo de estos tiempos con Bárcenas y el Palau de la Música catalana a la cabeza, y proseguir por el Tribunal de Cuentas y así sucesivamente. Descargados todos los asuntos especialmente conflictivos, sería el momento de reformar la Constitución sin tanta tensión y con menos dramatismo.
Quienes seguimos la erudita intervención de Herrero concluimos que su propuesta de reforma es razonable. «Para reformar la Constitución acertadamente son necesarias tres condiciones: ante todo, consenso político y social, porque no basta con PP y PSOE, es decir todos los partidos, o casi todos, más sindicatos y empresarios. En segundo lugar, consenso técnico, porque es muy compleja la tarea. En tercer lugar, reformar antes algunas cuestiones más urgentes, como la ley electoral y así hace más sencilla la delicada tarea de reformar la Carta Magna». Pueden existir otras fórmulas pero si este camino parece viable, adelante. Cualquier cosa menos la corrosiva parálisis actual.
Seguridad jurídica
En realidad, la razonable receta de Herrero es aplicable a otros asuntos, como, por ejemplo, las incertidumbres del sector audiovisual, estremecido en toda Europa por la decisión del Gobierno griego de cerrar la televisión pública en seis horas. Sin preaviso, sin negociación ni fórmula alternativa. Estamos a la espera de una sentencia del Tribunal de Luxemburgo sobre la financiación de TVE y se teme lo peor. El Gobierno Zapatero, seguramente en su afán de salvar a La Sexta como fuera, decretó que se suprimía de un día para otro la publicidad de RTVE. «Me llamaron un miércoles por la noche para anunciarme que el viernes el Consejo de Ministros suprimiría la publicidad en TVE y las operadoras telefónicas debíamos destinar a financiarla el 0,9 % de nuestros ingresos brutos. A ver como explicas esto fuera, en tu matriz, si la decisión cuesta cien millones de euros en tu cuenta de resultados», manifestó Francisco Román, presidente de Vodafone el jueves en el Foro de Nueva Comunicación. Lamentamos la inseguridad jurídica que padecen nuestras empresas en algunos países de América, comenzando por Argentina, Venezuela y Bolivia, y no solemos reparar en cacicadas de este género en casa.
¿Qué hacer ahora ante la amenaza de futuro de TVE, dramatizada por la decisión griega de cerrar la televisión pública? ¿Cómo afrontar la necesaria reinvención de las televisiones autonómicas? ¿Cómo aplicar por el Gobierno la reordenación de las frecuencias de los canales después de la sentencia del Supremo corrigiendo decisiones de la Ley General del Audiovisual que solo tiene tres años de vida? Pues aplicando la receta Herrero. Resolviendo problema a problema en vez de empeñarnos en otra gran ley audiovisual, con el riesgo de que se haga mal de nuevo, en un país que legisla sin cesar y en el que apenas se cumplen las leyes. Estamos hablando de un sector, el audiovisual muy sensible. Maurizio Carlotti, vicepresidente de Antena 3 TV, sostiene que «un país moderno no puede vivir sin una televisión pública». Se agradece la declaración. Pero el fantasma de Grecia planea sobre las televisiones públicas europeas, España incluida.
Crónica política