Rubalcaba gana un problema, pero se libra de una amenaza

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

El auto de la jueza Alaya da oxígeno a un PP acorralado por el caso Bárcenas

11 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El paso dado por la jueza Alaya para imputar a Chaves y a Griñán es un torpedo en la línea de flotación para un Rubalcaba que estaba empezando a levantar cabeza como líder de la oposición. El progresivo recorte de la diferencia entre el PP y el PSOE que arrojaban las últimas encuestas se ha basado precisamente en el desgaste sufrido por los populares por el caso Bárcenas y por la percepción de que Rajoy ha sido tolerante con la corrupción. El líder socialista comprueba ahora como ese lastre de la corrupción se vuelve contra él. Además del efecto de contagio a nivel nacional que supone la posible imputación de los dos últimos ex presidentes andaluces, Rubalcaba tiene ahora el problema de qué hacer con Griñán y Chaves.

Después del acoso al que los socialistas han sometido a Rajoy por la defensa pública que hizo de los dirigentes del PP imputados, con Bárcenas a la cabeza, el secretario general del PSOE tendría muy difícil solidarizarse con Griñán y Chaves en caso de que lleguen a ser imputados. El problema para Rubalcaba es que Griñán es mucho más influyente y poderoso en el PSOE que Bárcenas en el PP. Ayer, el líder socialista optó por el silencio y por expresar su respeto por la justicia.

Lo cierto es que con lo ocurrido a Rubalcaba le llega un problema pero se quita otro de encima. Griñán, todavía presidente del PSOE y secretario general del PSOE-A, era el dirigente con más peso entre los socialistas al margen del secretario general. Y el único que podría forzar por sí solo su caída, gracias a la fuerza y los votos de la federación socialista andaluza en un congreso nacional. Todo indica que Rubalcaba ha llegado ahora a un acuerdo con la sucesora de Griñán, Susana Díaz, por el que los partidarios del secretario general renuncian a dar la batalla en Andalucía y esta no pone pegas a la decisión que tome Rubalcaba sobre su continuidad como candidato. Lo que queda por comprobar es si Griñán está dispuesto a apartarse sin crear problemas o si está en su cabeza presionar a Rubalcaba para que lo respalde ante su complicado horizonte político y judicial.

Y si para el PSOE el auto de la juez Alaya llega en el peor momento, para el PP supone un balón de oxígeno cuando el Ejecutivo estaba con el agua al cuello por el caso Bárcenas. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, dejó claro ayer cuál será a partir de ahora la estrategia del PP al asegurar que al PSOE «se le ha caído el discurso». La número dos del Gobierno trató de repartir culpas defendiendo que todos los partidos se pongan ahora de acuerdo para pactar medidas anticorrupción.