Tras su fallida aparición en la Pascua Militar, en la que se equivocó y se le vio fatigado, don Juan Carlos recibe otro mazazo con la imputación de su hija
08 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El 2014 ha empezado con todas las trazas de ser otro annus horribilis para el rey. Tras su fallida reaparición pública en la Pascua Militar, con la que pretendía escenificar su recuperación y dio la imagen contraria, con equivocaciones, balbuceos y muestras de fatiga en su discurso, ha llegado la imputación de su hija.
El juez Castro lo ha hecho después de que el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, le lanzara el mensaje de que cierre ya el sumario, porque está siendo un «martirio» para el monarca. Esta vez Zarzuela se ha limitado a mostrar asépticamente su «respeto» a la justicia, a diferencia de lo que sucedió en abril cuando expresó su «sorpresa» ante la decisión del juez y su apoyo al recurso de la Fiscalía, lo que ahora se ve como un error de bulto.
El nuevo auto
Un mazazo institucional. El exhaustivo, argumentado y demoledor auto de José Castro que imputa a doña Cristina es un mazazo para el monarca, no solo a nivel personal sino institucional. El hecho de que un miembro de la familia real tenga que rendir cuentas ante un juez por existir indicios de que ha cometido delitos tan graves como blanqueo de capitales y evasión fiscal supone un grave deterioro para la Corona, que atraviesa sus peores momentos desde 1975. Tras su sorprendente desimputación, Zarzuela confiaba en pasar página y circunscribir y reconducir el caso a Urdangarin, dejando al margen a su esposa. El rey queda en entredicho al menos por la falta de vigilancia de las actividades de su hija e incluso por las gestiones de mediación que realizó en favor de los negocios de su yerno, que documentan algunos correos electrónicos.
Por buscar algo positivo a la imputación sería que puede amortiguar un tanto la imagen de que la justicia no es igual para todos, aunque hasta ahora la infanta ha contado con el sólido apoyo de la Fiscalía, y darle la oportunidad de defenderse en sede judicial. Triste consuelo.
El estado de salud
Fatiga y fragilidad. A sus 76 años, la mitad de ellos en el trono, la salud también le está jugando una mala pasada al rey. Cinco veces ha tenido que pasar por el taller, como dice él, en apenas un año y medio, la última el 21 de noviembre. Las operaciones y los subsiguientes problemas de movilidad han reducido mucho su agenda y, por tanto, su presencia en momentos difíciles para el país. Este año lo ha empezado igual o peor que el anterior, dando una gran muestra de fatiga y fragilidad en su aparición en la Pascua Militar, muy alejada de la imagen artificialmente mejorada que daba en la revista ¡Hola! Todo le salió al revés. La Casa del Rey prevé que en febrero retome su agenda exterior para cumplir con dos viajes pendientes, a Francia y Portugal. El doctor Cabanela dijo que en primavera ya podrá andar sin ayuda de muletas ni bastón. Desde luego sería un alivio y una gran noticia.
Pérdida de imagen
Suspenso rotundo. La monarquía obtuvo su peor nota de la historia, un rotundo suspenso (3,68) en el último barómetro del CIS que preguntó por la cuestión, realizado en abril del año pasado, en medio de la primera imputación a la infanta. Más de un punto por debajo de su anterior y primer suspenso, en octubre del 2011, lo que indica una tendencia de progresiva y rápida pérdida de credibilidad. Muy atrás quedan los tiempos en que era la institución mejor valorada por los españoles, que le daban un 7,48 en 1995. La encuesta más reciente, publicada hace tres días por El Mundo, indicaba que el apoyo al reinado de don Juan Carlos ha bajado nueve puntos en el 2013 y solo cuenta con el respaldo de un 41,3 %. La institución se muestra incapaz para remontar la crisis de credibilidad en la que permanece sumida desde hace ya más de tres años.
Debate de la abdicación
Continuará su mandato. Si algo dejó claro el rey en su mensaje de Nochebuena fue su «determinación» a seguir desempeñando el mandato y las competencias que le atribuye el orden constitucional. Al tiempo expresaba «la seguridad» de que asumía «las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad». Trataba así de cerrar el debate sobre su posible abdicación, presente desde su viaje a Botsuana, en abril del 2012, que se saldó con su histórica petición de perdón. También intentaba contrarrestar las acusaciones de opacidad y secretismo de la casa del rey con su inclusión en la ley de transparencia.