Último intento del secesionismo catalán

Cristian Reino / Colpisa BARCELONA

ESPAÑA

Marta Pérez

Junts pel Sí y la CUP apuran hoy una remota oportunidad para evitar unos nuevos comicios, y la ANC, impulsora de esta reunión, convoca concentraciones para forzar un acuerdo

07 ene 2016 . Actualizado a las 18:42 h.

Las plataformas soberanistas vuelven a pisar el acelerador. La Assamblea Nacional de Catalunya (ANC), Òmnium y la Associació de Municipis per la Independència (AMI) han impulsado la reunión que celebrarán este jueves Junts pel Sí y la CUP. También han convocado concentraciones para exigir un acuerdo. El tiempo se agota. Tendría que haber un presidente antes del domingo para evitar unas nuevas elecciones y las dos partes han asegurado que no cederán en sus posiciones. Artur Mas sigue siendo el escollo. La coalición que agrupa a Convergència y Esquerra insiste en que no hay otro presidenciable distinto y la CUP lo sigue rechazando de forma oficial a pesar de sus tensiones internas.

Fuentes de la ANC señalaron que pondrán sobre la mesa una propuesta y valoraron que las dos formaciones estén dispuestas a sentarse una vez más a negociar. La Cámara catalana celebra este jueves el que puede ser el último pleno de la legislatura, que servirá para designar los senadores autonómicos, y en caso de fumata blanca en la cumbre independentista, la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, podría forzar un pleno de investidura exprés.

Aunque es muy poco probable que eso suceda. Los intentos de llegar a un acuerdo y de apurar la negociación, expresados por ambas partes, se antojan poco sinceros y en el encuentro habrá más de escenificación preelectoral que ganas de negociar. CDC, ERC y la CUP han entrado en una batalla por tratar de atribuir a los demás el hecho de que vaya a haber nuevas elecciones y que el proceso soberanista se haya estancado.

La cumbre, que llega después de una comparecencia muy dura de Mas contra la CUP, debe servir, sobre todo, para calmar a la parroquia soberanista, que está frustrada porque tenía la impresión de que la ruptura de Cataluña con el resto de España estaba muy cerca y que no acepta de buen grado el escenario de unos nuevos comicios. Junts pel Sí y la CUP acuden con el ánimo de que por lo menos nos les digan que no lo han intentado hasta el último minuto. Está por ver, no obstante, cuál es la posición de los negociadores de ERC, que cada vez marcan más distancias con Mas.

La sensación de fracaso es enorme en el independentismo de base, que ha sido el agente movilizador del proceso durante los últimos tres años y quiere seguir siéndolo hasta que el final. Con este ánimo, la ANC ha convocado protestas en Barcelona y en Gerona para reclamar a todos los diputados independentistas un acuerdo que permita continuar por la senda secesionista. «Exigimos a todas las fuerzas políticas independentistas un esfuerzo para alcanzar un acuerdo que permita investir un presidente, formar Gobierno e iniciar el proceso constituyente para construir la república catalana», señala la ANC. «Es responsabilidad de todos hacer todo lo que esté en nuestras manos para avanzar, sin reproches, con generosidad y sentido de país», añade.

La última opción de Mas para evitar elecciones podría pasar también por buscar en la división de la CUP disidentes que le pudieran apoyar en la votación de investidura. El dirigente nacionalista insistió en su comparecencia del martes que la mitad de la formación anticapitalista estaba dispuesta a favorecer su elección. Este 50 % sintoniza con la corriente Poble Lliure, heredera del brazo político de Terra Lliure, que el miércoles emitió un comunicado en el que criticó a su partido por el «grave error» que a su juicio comete «no facilitando la formación de gobierno». «Esta decisión supone incumplir la promesa electoral de ser el acelerador y la garantía del proceso independentista», señaló la organización.

ERC continúa con su doble juego con respecto a la candidatura del líder de CDC

Oriol Junqueras ha reiterado en los últimos días que el candidato de Junts pel Sí a la presidencia de la Generalitat es Artur Mas. Pero el apoyo no es unánime en ERC. Después del veto de la CUP ha surgido un soniquete insistente, un rumor de fondo en Esquerra que exige al líder de Convergència que se aparte para poder facilitar la investidura de otro integrante de JxS que sea aceptado por los cuperos. El portavoz oficioso del descontento está siendo Joan Tardà, peso pesado en el partido y diputado de ERC en el Congreso. Tardà utiliza las redes sociales para ejercer presión a título personal. Si el martes le pedía a Mas que renunciara a sus pretensiones, el miércoles señaló: «Hay que preservar dos tesoros: la mayoría de 72 y la resolución de independencia del 9N. No queremos elecciones. Queremos acuerdo, generosidad, patriotismo». Indicó a las «personas que acudan a la reunión de Junts pel Sí y la CUP que tengan presente los sacrificios de tantas generaciones que nunca se rindieron». Este doble juego puede ser rentable electoralmente.

En la CUP sí es evidente la división. Los favorables a la investidura de Mas hacen mucho ruido, pero otros integrantes del partido han decidido hacer público el apoyo a la decisión adoptada por la formación. La asamblea de Manresa difundió un comunicado en el que defiende como «legítima» la resolución, señala que el convergente es «un escollo para avanzar hacia la plena soberanía» y reivindica la lucha de las «clases populares». El documento también incide en que respetan y comprenden a los que no comparten el veto.