Abascal se disfraza de Donald Trump

La moción de censura refuerza al Gobierno, pero el tremendismo del candidato da argumentos a Casado para diferenciar entre el PP y Vox

Santiago Abascal, en el pleno de la moción de censura planteada por Vox
Santiago Abascal, en el pleno de la moción de censura planteada por Vox

Madrid / La Voz

Un Gobierno «comparable al Isis y los talibanes». Una «mafia» de «criminales», apoyada por «renegados». Una Unión Europea equiparable «a la república Popular China, a la Unión Soviética o incluso a la Europa soñada por Hitler». El tremendismo hiperbólico utilizado por Santiago Abascal, que disparó contra todo y contra todos, le privó de cualquier posibilidad de presentarse ante los ciudadanos como una alternativa real y sensata al Gobierno de un Pedro Sánchez que se mostró cómodo rebatiendo sus exageraciones y las aprovechó para zaherir al PP y sembrar la discordia en las filas de la derecha. Pero, pese a la maratoniana duración del pleno, el auténtico debate comienza en realidad este jueves con el cara a cara entre Abascal y Pablo Casado, verdadero objetivo de esta moción de censura de Vox.

¿Ha mejorado Abascal su imagen con esta moción?

No. El líder de Vox mostró sus carencias políticas y parlamentarias en un debate que se le hizo largo. Su discurso inicial duró más de dos horas, aunque fue más breve que el de Pablo Iglesias cuando presentó la moción de Podemos, que se acercó a las tres horas. El objetivo del líder de Vox era poner en aprietos al PP. Pero, obligado a abandonar su zona de confort, que son las frases lapidarias y los mensajes en las redes, no se arriesgó a entrar en discursos de más altura o a mostrar algo de moderación para tratar de agrandar así su base de votantes. En lugar de ello, se aferró a su estilo bronco y casi antisistema e hiló un sinfín de eslóganes y de golpes de efecto.

 ¿En qué se parece Abascal a Donald Trump?

En todo, salvo en ser millonario. Su discurso fue un manual de trumpismo trufado con gotas de nostalgia carpetovetónica. Mensajes contra el multilateralismo, contra la Organización Mundial de la Salud y contra la inmigración, así como las constantes referencias a China como una amenaza o la presentación del magnate George Soros como urdidor de conspiraciones internacionales, son Trump en estado puro. Como el norteamericano, Abascal intentó captar el voto de los trabajadores más castigados por la crisis y la pandemia.

 ¿Sale fortalecido Sánchez?

Sí. Más allá de que la votación de este jueves le permitirá ampliar incluso los apoyos recibidos en la investidura, presumir de estabilidad y ofrecer una imagen de fortaleza del Gobierno superior a la real, la exageración de Abascal le posibilitó presentarse como un líder moderado, aludir incluso al Papa Francisco como referente frente al fundamentalismo de Abascal y centrar su discurso en desgastar a la derecha, presentando al PP como un partido próximo a un líder radical. Un discurso mucho más cómodo que el que habría supuesto defender la gestión política y sanitaria de su Gobierno, asunto al que apenas dedicó tiempo. Sánchez evitó, sin embargo, el trazo grueso frente a Abascal y quiso aparentar que se tomaba muy en serio el discurso del líder de Vox, al que llamó en todo momento «candidato», para presentar así como un peligro para España la posibilidad de que el PP llegue a gobernar con Abascal como socio.

 ¿Qué se juega Casado en su cara a cara con el líder de Vox?

Mucho. Casi todo. De que sea capaz de hacer entender al votante conservador de que, aunque el de Sánchez es el peor Gobierno posible, Abascal no es una opción, depende parte de su futuro. En especial, cuando un 44 % de los votantes del PP habrían optado por un sí, según un sondeo publicado este miércoles. Pese a ser el más perjudicado de esta moción, emparedado entre las presiones de Abascal, las de Sánchez y hasta las de Cs, el líder de Vox le dio a Casado argumentos de sobra para justificar su rechazo a la moción y para marcar distancias entre el PP y Vox. Asuntos como atacar a la Unión Europea -«no nos salvará Bruselas, antes nos salvará Móstoles otra vez»-, al Estado autonómico o a las grandes empresas, le dan oxígeno al PP, y también la oportunidad de presentarse como única alternativa sensata a Sánchez. Estratégicamente, ocultar el sentido de su voto perjudicó al PP hasta que se inició el debate, pero este miércoles impidió que Abascal cargara directamente contra ellos por un no a su moción más que previsible.

Feijoo: «O PP é a única alternativa ao Goberno socialcomunista en España»

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, afirmó este miércoles que «a única posibilidade» para cambiar «o nefasto Goberno socialcomunista» es el PP. El líder del PPdeG replicó así al secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero, que en la sesión de control en el Parlamento gallego instó al PP a ponerse «ao lado do Goberno fronte á ameaza fascista». Feijoo lamentó que mientras se debate esa moción, que no saldrá adelante, «España está na peor situación económica, institucional e, lamentablemente, tamén, con algún tic antidemocrático que nos preocupa moito».

Golpes de efecto, mascarillas y fuerte aroma a gel hidroalcohólico

F. Balado
El líder de Vox, Santiago Abascal, tomo asiento durante la moción de censura de su partido al Gobierno
El líder de Vox, Santiago Abascal, tomo asiento durante la moción de censura de su partido al Gobierno

Las restricciones de aforo establecidas por el Congreso para intentar contener la pandemia motivaron que la jornada de este miércoles recordase poco o nada a las dos últimas mociones de censura celebradas hasta la fecha. La mitad de los escaños del hemiciclo permanecieron vacíos durante toda la jornada. Por el mismo motivo también hubo muchos menos periodistas de los que acostumbra a acreditar la Cámara en jornadas especiales.

 Más novedades: las máscaras, obligatorias en todo el complejo, ayudan a rebajar el fuerte olor que desprenden algunos de los geles hidroalcohólicos. Y la distancia de seguridad provoca que apenas se monten los habituales corrillos en el famoso patio. Una distancia de seguridad que malamente respetaron el medio centenar de simpatizantes de Vox que se agolparon a las puertas del Congreso desafiando a la siempre molesta lluvia madrileña para insuflar ánimos a Abascal y exigir la dimisión de Sánchez. Primer golpe de efecto.

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