«No sé cómo a la gente le da tiempo a hacer todo»

Carmen García de Burgos

EXTRA VOZ

CAPOTILLO

Concepción e Ignacio recogen a su nieta Adriana, de 7 años, en el colegio, la cuidan por las tardes y la llevan a sus clases extraescolares. Hasta hace poco, también dormían en casa ella y su madre

11 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Son como una familia de anuncio. Por dentro y por fuera. Guapos, jóvenes, con recursos y tiempo y unidos. Concepción Ocampo e Ignacio Maquieira llevan dos años «de vacaciones». Trabajadores de la banca, ambos llegaron a un acuerdo con su empresa para cobrar la indemnización y seguir cotizando hasta su jubilación. Para Concha llegará, con un poco de suerte, el año que viene. Nacho igual tiene que esperar un poco más, porque todavía tiene 61 años, uno menos que su mujer. Pero tiempo no les sobra. «Yo no sé cómo a la gente le da tiempo de hacer todo ?asegura la pontevedresa?. Yo tengo que aprovechar las mañanas para ir al gimnasio, la peluquería o hacer los recados que necesito, porque por la tarde estoy con Adriana y no tengo ni un minuto». Es su nieta, de 7 años. Admiten que llevan un ritmo agotador, y solo cuando se quedan solos, hacia las 8 de la tarde, que es cuando su hija recoge a la pequeña, se sientan a descansar.   

Eso desde hace un par de semanas, porque durante los tres años anteriores tanto la niña como su madre vivían con ellos. La hija de Concha siempre ostentó puestos de gran responsabilidad en distintas multinacionales, y ahora está plenamente volcada en una empresa propia. Muchos fines de semana comen también con ellos. «Abu, ¿puedo mover la caseta del perro a otra parte del jardín?», le pregunta la niña desde el otro lado de la puerta.

sus primeros cinco días sin ella

Concha y Nacho son un ejemplo de manual de los superabuelos de hoy en día. Si Adriana necesita renovar su vestuario de ballet son ellos quienes se encargan, sin ni siquiera decírselo a su hija, de comprárselo. Igual que la ropa de zumba, o tantas otras cosas que ilusionan a la pequeña. Y no se engañen. A pesar de lo agotador de su tarea, no renunciarían a ella por nada del mundo. Son jóvenes, tienen salud y mucha vitalidad para ofrecerle a la pequeña, la única nieta por el momento.

«¿La echan de menos cuando no la ven?». «No aguanta», ríe Nacho señalando a su mujer. De hecho, este puente marcará un hito en su relación con su nieta: será la primera vez que pasen cinco días seguidos sin verla. Saben que se les va a hacer duro, pero también que en noviembre, por motivos de trabajo, su hija tendrá que dejársela once días. A ellos solos. No será la primera vez pero sí una de las primeras. En verano «se la quedaron» otros quince días. Y, aunque destacan la energía que derrocha la pequeña y lo agotador de sus jornadas, confiesan los dos: «Cuando viene por la noche a la habitación, antes de irse a la cama, para desearnos las buenas noches, compensa todo el día».