Laura Alonso, soprano Tiene 29 años, y a los 26 se convirtió en la única ganadora española del premio internacional que lleva el nombre de Alfredo Kraus. La crítica especializada la considera una de las mejores sopranos jóvenes de Europa. Ha actuado, y actúa, en países como Italia, Francia, Inglaterra, Suiza, Austria y Bulgaria. Pero aún no ha podido ver cumplida su mayor ilusión, que es cantar una ópera en Galicia. El miércoles, invitada por la Consellería de Cultura, ofreció un recital en la catedral ferrolana, donde puso voz a los versos de Rosalía. Se reencontraba, así, con la ciudad en la que nació su padre, el profesor Luis Alonso Girgado. Y se emocionó.
13 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.No lo dice -hay tantas cosas que no se dicen...-, pero a ella, que ha cantado con algunas de las mejores orquestas del mundo -hace apenas unos meses, con la Sinfónica de Tel Aviv, en un concierto que califica de «auténtica aventura»- le hubiese gustado ser, también, profeta en su tierra. Que Galicia le dispensase, al menos, un poco del afecto que le da Alemania, que es su segunda patria, su tierra de adopción. «No, hay cosas que yo no quiero contar -repite Laura-. A ver cómo pones eso. No quiero que nadie se moleste. Eso no...». -Por una vez, empecemos con la pregunta que traigo anotada en la libreta: ¿Qué espera de la vida? -Nada. Sólo vivirla. No tengo interés en sacar nada especial de ella. -Pero... -Vivir día a día ya es mucho. Eso sí, querría seguir trabajando cuanto me sea posible. Y ofrecer desde el escenario la mayor calidad. Por lo demás, lo que el futuro traiga, bienvenido sea. -O sea, que a pesar de su trayectoria, aún no hay ningún objetivo que la obsesione. -¿Te parece extraño? -No, extraño no, pero usted es muy tenaz, y sin embargo... Dígame, ¿no se plantea ninguna meta en especial? -Hombre, sí tengo objetivos. Pero no me obsesionan. No suelo ni pensar en eso, porque para mí son cuestiones secundarias. Basta que desees algo de manera muy intensa para que su llegada se retrase. Así que procuro concentrarme en seguir trabajando muy duro, que es lo que siempre he hecho. Lo verdaderamente valioso es que en lo que haces pongas todo de tu parte. Tener paciencia. En la música sucede lo mismo que en la literatura: vale más que te recuerden por haber escrito dos libros buenos que por ser el autor de cincuenta malos, ¿o no? Lo fundamental, en la vida, es cumplir con tu parte. Saber que haces cuanto puedes, que no regateas ni la dedicación ni la entrega. Y para una cantante es importantísimo saber que el público percibe eso. Lo que vale es lo que sobrevive. -Pero a ver, cuénteme: ¿A usted, en esto, qué tal le va? Y ya sabe a qué me refiero. -Bueno, tengo que reconocer que me va bastante bien. Pero si no fuese así tampoco constituiría ningún drama. Tengo mucho trabajo, sí. También en España, claro. De hecho, ahora ya no estoy permanentemente en Alemania, tengo mi «cuartel general» en Madrid, y desde allí viajo. Pero en la música, tener muchos contratos no sólo depende de ti: también es importante una buena agencia, ser serio... Hay que actuar con disciplina. Ser fuerte. -¿Qué le sugiere Operación Triunfo? -De Operación Triunfo, yo suscribo lo que dijo Montserrat Caballé: que si a esos chicos, en la Academia, les hubiesen exigido lo mismo que en un conservatorio, no hubiesen salido de allí en ocho años. Yo creo que su formación ha sido demasiado precipitada. Será el tiempo quien aclare qué es lo que va a quedar de todo eso. De todas maneras, yo creo que Rosa tiene una voz de muchísima calidad. Pero la voz hay que trabajarla porque, si no, al final se rompe. -Otra cosa: en Ferrol hay una gran tradición en el mundo de la música. Manolo Rivas dice que es la ciudad de Galicia en la que mejor se canta. -Sí, seguramente será cierto. Y un pueblo que canta es un pueblo sano. El Día de las Pepitas me parece una tradición estupenda. -¿Qué es Ferrol para usted? -Un lugar muy importante. La ciudad en la que nació mi padre, y en la que vive mi abuela. Ferrol es muy bonito y tranquilo. Agradable para vivir. -Marchó a estudiar música a Alemania cuando aún era casi una niña. ¿Le costó adaptarse a un país tan diferente? -Reconozco que al principio sí, me costó algo adaptarme. La personalidad alemana es muy diferente a la nuestra. No son tan acogedores, se muestran más fríos mientras no te conocen bien... Pero también son leales. Y francos. Jamás ocultan su verdadero rostro. -Y al final... -Al final, Alemania me lo dio todo. Yo estudié con becas del gobierno alemán, ¿sabes?, no con becas de Galicia. Pero no quiero hablar de eso. -Pues dígame qué es cantar. -¿Cantar...? Yo creo que es enseñar el alma.