Crónica | Toma de posesión del nuevo gerente del Marcide Alfonso Clemente sintetizó por triplicado y de forma diáfana la fórmula que regirá su gestión a partir del lunes, en un relevo aliviado por la profusión de gestos en positivo
23 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Igual que Julio Anguita hizo célebre en su día el «programa, programa, programa» con el que azuzaba a sus rivales políticos, el nuevo director gerente del Marcide sintetizó en una palabra dispensada por triplicado el factor que quiere convertir en clave de su gestión al frente del centro: «Trabajo, trabajo, trabajo». Aparentemente nervioso al comienzo de su discurso de toma de posesión, Alfonso Clemente hizo un brindis a Pedro Molina, el hombre con el que en su anterior etapa en el hospital ferrolano había compartido tantas jornadas de trabajo y «tantos cigarrillos», para (de paso) formularle una saludable invitación aprovechando la alusión al tabaco: «Yo lo he dejado; animo a Pedro a que haga lo mismo». No hubo lugar al compromiso público por parte del aludido, puesto que el director saliente había pronunciado antes un discurso acompañado de cierta emoción y abrazado por la ovación (la más larga de las varias que se escucharon) de la concurrencia. En él, Molina escenificó su marcha con una larga serie de agradecimientos de todo pelaje: «a la confianza y los consejos de los conselleiros», «a los grandes profesionales y magníficas personas de este hospital», «a los amigos de mi equipo directivo»... Fue un día de sonrisas y buenas palabras, y en esa disposición se presentó también el conselleiro al término de una mañana de tour galaico en la que movió las sillas directivas de tres hospitales. Molina cedía la suya a Clemente con una estricta observancia de las reglas de la diplomacia, cosa que facilitó el trabajo a Cochón a la hora de aseverar que el relevo «entra en la normalidad más absoluta» y bendecir el adiós del ya ex número uno del Marcide calificándolo como un «magnífico gerente». Media hora antes de los discursos en el salón de actos, que gozaron de un numeroso seguimiento por parte de los trabajadores del hospital, el conselleiro aguardaba pacientemente la llegada de algunos protagonistas en el acristalado vestíbulo del hospital. Recibió calurosamente al alcalde ferrolano, Juan Juncal, y al propio Alfonso Clemente, a quien se vio serio antes del trámite formal y relajado después, mientras recibía parabienes por doquier. Rodeado de autoridades, el nuevo jefe observaba de reojo la actividad del hospital, que funcionaba ajeno a la oficialidad del acto. Sabe que se le avecinan muchos retos para solucionar. Quizá por eso expresó su disposición al «trabajo, trabajo, trabajo», antes de certificar su primera cita: «El lunes empezamos».