CONTRAPUNTO | O |
10 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO SE cumplen 25 años del reconocimiento de los montes vecinales en mano común las comunidades han perdido aquel halo sentimental que acompañó la lucha por su recuperación. Con estos montes pasó un poco como la conquista de las libertades: después llegó el desencanto. Pero los parques eólicos han venido a revitalizar las reivindicaciones con nuevos objetivos. Porque las autoridades autonómicas se dan tanta prisa como permite el aparato admistrativo para aprobar concesiones a las compañías del sector pero no corren con la misma velocidad para reconocer los derechos de los propietarios afectados o colectividades vecinales. He aquí una diferencia -más- de Galicia con el resto de España. Comunidades como Castilla-León o Navarra apenas recurren a la expropiación para facilitar la instalación de los aerogeneradores. Con ello fuerzan a los concesionarios a pactar con los afectados mediante contratos de arrendamiento o concediéndoles participación en las sociedades que explotan estos recursos eólicos. El último ejemplo de esta situación la hemos visto en el conficto por unos montes de Serra da Faladoira, en la vertiente de Ortigueira. Un grupo de vecinos tuvo que pleitear ante los tribunales para hacer valer sus derechos porque las fincas habían sido registradas como de propiedad municipal. Al final ganaron al probar que se trataba de una confiscación realizada durante la dictadura y con la guardia civil por delante. Entre Ortigueira y Ferrol se suceden montes comunales, sin interés eólico, apenas explotados. Por eso, quizás sea el momento de plantear un debate sobre esta situación, de formar una coordinadora comarcal, de ver que es frecuente que los problemas de unos y otros sean los mismos. Y también las soluciones.