Ferrolterra luce la miel que se nos va

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago FERROL

FERROL

FOTOS: JOSÉ PARDO

En directo | Una mañana en la feria de Sedes Cientos de asistentes disfrutaron con la música y la artesanía, y saborearon un placer que, afirman los productores, los nuevos pesticidas destruyen a toda prisa

29 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?ay que saber aprovechar los viejos placeres, y uno de los mejores lugares que ayer ofrecía el mundo para hacerlo fue la sexta Feira do Mel e da Artesanía, celebrada en Sedes, Narón. Ricos productos del país, mucha miel, cientos de animados visitantes y música tradicional a cargo de las gaitas del Padroado de Cultura de Narón y del grupo de baile Alxibeira, fueron los ingredientes de la fiesta. La estrella del cotarro fue, como no podía ser de otra forma, la miel de Ferrolterra. Se consumió a toneladas, gracias a la invitación de la organización a probarla con queso. La miel es un placer venerable, tanto que quizá este mundo tecnológico, o más bien químico, nos prive de ella con los años. El problema es que los «novos agrotóxicos están rematando coas colmeas», afirma Juan, un productor de San Sadurniño. Según dice, los nuevos productos «afectan ao sistema nervioso das abellas, que non recordan como regresar ás colmeas». El problema es muy grave, Juan, apicultor desde hace casi treinta años, ha perdido en los últimos cuatro 38 de sus 40 colmenas. Y es que el aspecto ecológico, además del festivo, fue otra de las claves de la feria, organizada por los vecinos de San Esteban de Sedes y por la Asociación Galega de Apicultura, muy concienciada con el problema de los pesticidas, que han matado al 80% de las colmenas gallegas. La asociación desplegó una completa exposición sobre el mundo de la apicultura, y sorteó varias cestas de productos típicos al final de la mañana. La feria, en la que colaboraron el Concello de Narón, Larpeiradas y Lácteos O¿Casal, también sirvió para mostrar el trabajo de los artesanos locales, que tuvieron una buena oportunidad para colocar sus productos. En uno de los puestos estaba el argentino Luis Martínez Ramos, un hombre para todo. Ejerce de cuentacuentos por media comarca, artesano, actividad a la que ha dedicado cuarenta de sus 57 años de vida, actor de teatro... Luis fue una de las atracciones para los pequeños, que miraban alucinados como trabajaba con varias largas cintas de cuero. «No es un trabajo para hacer mucho dinero», dice Luis con un suave acento argentino, «pero te aporta mucho bienestar personal». Como la miel que se nos va.