En el laberinto de la burocracia

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago FERROL

FERROL

Crónica | Meses de espera por una intervención La operación para quitar el dolor a Manuela Fernández, que sufre una dolencia crónica, se ha retrasado una y otra vez por la falta de coordinación de la aseguradora y el servicio público

01 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?espués de tres años, las administraciones de las que depende la salud de Manuela Fernández Fernández han dejado entrar un poco de luz en el laberinto en el que la habían metido. Manuela es una vecina de Caranza de 55 años que sufre una compleja enfermedad. Una mezcla de osteoporosis degenerativa y artrosis que le causa «muchísimo dolor», le dificulta moverse y le impide dormir. Se trata «de la misma dolencia que sufre la Duquesa de Alba», pero claro, la aristócrata «ha tenido bastante más suerte». Manuela está casada con Xaquín Vázquez, un funcionario del Ayuntamiento de Ferrol. Por lo tanto, su cobertura sanitaria depende del seguro privado que tiene contratado el Concello. En un principio se trataba de la aseguradora Hércules, pero el pasado 1 de octubre el contrato municipal pasó a la firma Adeslas. A Manuela le diagnosticaron su enfermedad hace tres años. No es posible curarla definitivamente, por lo que desde entonces los médicos han probado de todo para quitarle el dolor. Los calmantes le lastimaron el estómago y le causaron otras molestias. Tras examinar la situación, el doctor Alberto Camba, jefe del servicio de Anestesia del Arquitecto Marcide determinó el pasado 6 de febrero que el problema de Manuela no puede solucionarse «con técnicas mínimamente invasivas», por lo que propone «la infusión espinal de fármacos» y, si las pruebas son positivas, «implantar una bomba telemétrica», que le suministre los calmantes. Se trata de un equipo caro y complejo, que los seguros médicos del Concello no implantan. Debía hacerlo, pagado por la aseguradora, la sanidad pública, que determina que los pacientes deben pasar un examen por parte de diversos especialistas médicos antes de recibir el tratamiento. Ese requisito se convirtió en una barrera. La aseguradora «se negó a darle el permiso para ir a ver a los psicólogos del Marcide», explica Cristina Vázquez, hija de Manuela. A cambio, fue examinada por los doctores de la empresa, pero la seguridad social no dio validez a ese informe. La familia de Manuela se desesperó. Xaquín, su marido, envió varios escritos al Concello en los que pedía ayuda para desbloquear la situación. En los escritos detallaba que «ya tuvimos problemas con el seguro Hércules» a causa de la enfermedad de su esposa. Esta semana Adeslas, que prefirió no pronunciarse sobre lo ocurrido, autorizó al fin que los médicos de sistema público vean a Manuela. Sin embargo, su familia teme que todavía esté lejos la hora de la operación. «Si tuvieron tanto problema para permitir que la vea un médico -dice Cristina-, ¿qué va a pasar cuando tengan que autorizar la operación?».